viernes, 4 de marzo de 2016

Aristóteles y sus consideraciones sobre temas económicos (I)



Llamará la atención que tratemos un tema de esta naturaleza, pero no olvidemos que el sentido de nuestro blog es el tratamiento de cualquier punto con relación a esta ciencia, tan particular y de tantos matices. Esta vez, en el clásico libro de Aristóteles denominado “La Política” detectamos pensamientos de este gran filósofo, vinculados con la Economía, y a ello nos vamos a referir:


Aristóteles - en distintos capítulos - se refirió a conceptos económicos. Los economistas en general suelen no tener demasiado en cuenta a Aristóteles; expresan  que habló de la economía como administración de la casa. Sin embargo, señalaba en el libro primero de La Política que la economía provee los recursos necesarios para la administración de la casa y de la ciudad, de modo tal que Aristóteles ya se plantea que no es un problema solamente de la casa sino también de la ciudad. Efectivamente, quizás el término economía, oikos nemein, es decir administración de la casa, lleva a pensar en la administración de ésta, pero el mismo filósofo lo extiende a la administración de la ciudad.

Mientras Sócrates y Platón fueron grandes admiradores del estado totalitario de Esparta, Aristóteles se mantuvo alejado de la propiedad comunal. Tuvo una mirada opuesta, ofreciendo fuertes argumentos en favor de la propiedad privada. En Esparta, la libertad individual era prácticamente inexistente, pues todos los recursos se consideraban que debían estar subordinados al Estado.
Para Aristóteles, la propiedad privada es superior a la propiedad común, principalmente por su productividad, que es mayor. El filósofo pensaba que los bienes cuando son comunes reciben menos cuidado que cuando son propios; con esto se transformaba en defensor de la existencia de la propiedad privada en la sociedad. No sólo lo veía así en función de la productividad. También partía de la base que existiendo propiedad privada se permitía aplicar ciertas virtudes, como ser: ser generoso con algo que no es propio. Además ser dueño de los bienes instaba a regular le relación de las personas sobre su uso.
Razonaba que la propiedad privada estaba fuertemente implantada en la naturaleza humana: en el ser humano, el amor a sí mismo, al dinero y a la propiedad están íntimamente ligados en un afecto natural a la propiedad exclusiva. Aristóteles no deja de apuntar que la propiedad privada ha existido siempre y en todas partes. Intentar imponer la propiedad comunal en la sociedad supondría menospreciar lo que es resultado de la experiencia humana para aventurarse en algo nuevo e inexplorado. Abolir la propiedad privada probablemente acabaría creando más problemas de los que resolvería. Por esto, en su teoría sólo la propiedad privada posibilita actuar moralmente, esto es, practicar las virtudes de la benevolencia y la filantropía. Forzar a una propiedad comunal destruiría tal posibilidad.
En cuanto al dinero, la teoría al respecto profesada por Aristóteles ( también opuesta a la de Platón) se refería a que la mera existencia de una sociedad no intervencionista implica el intercambio de bienes y servicios; este intercambio toma ‘naturalmente’ al principio la forma de trueque; pero la persona que desea lo que otra tiene carece acaso de lo que ésta desea; por lo tanto será a menudo necesario aceptar en cambio algo que no se desea, con objeto de obtener lo que se desea por medio de otro acto de trueque (intercambio indirecto); entonces una conveniencia evidente inducirá a la gente a elegir  –tácitamente o por un acto legislativo – una mercancía (Aristóteles no considera la posibilidad de que la gente elija más de una) como medio de cambio.
Menciona brevemente el hecho de que algunas mercancías –como los metales– son más adecuadas que otras para esta función, y anticipa así algunos de los lugares comunes más trillados de los manuales del siglo XX acerca de la homogeneidad, la divisibilidad, la portabilidad, la estabilidad relativa del valor, etc. Además, las implicaciones de la regla de equivalencia en el intercambio le conducen naturalmente a observar que el medio de cambio se utilizará también como medida del valor. Por último, reconoce, implícitamente al menos, el uso de ese medio como depósito de valor. Por lo tanto, es posible remontarse hasta Aristóteles en la historia de las tres o cuatro funciones del dinero tradicionalmente enumeradas en los manuales y tratados del siglo XX (la cuarta consiste en servir de criterio o patrón del pago diferido).


(continuará)

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