Llamará la atención que tratemos un tema
de esta naturaleza, pero no olvidemos que el sentido de nuestro blog es el
tratamiento de cualquier punto con relación a esta ciencia, tan particular y de
tantos matices. Esta vez, en el clásico libro de Aristóteles denominado “La
Política” detectamos pensamientos de este gran filósofo, vinculados con la
Economía, y a ello nos vamos a referir:
Aristóteles
- en distintos capítulos - se refirió a conceptos económicos. Los economistas
en general suelen no tener demasiado en cuenta a Aristóteles; expresan que habló de la economía como administración de la casa. Sin embargo,
señalaba en el libro primero de La
Política que la economía provee los recursos necesarios
para la administración de la casa y de la ciudad, de modo tal que
Aristóteles ya se plantea que no es un problema solamente de la casa sino también de la ciudad.
Efectivamente, quizás el término economía, oikos
nemein, es decir administración de la casa, lleva a pensar en la
administración de ésta, pero el mismo filósofo lo extiende a la administración
de la ciudad.
Mientras Sócrates y Platón fueron grandes admiradores del
estado totalitario de Esparta, Aristóteles se
mantuvo alejado de la propiedad comunal. Tuvo una mirada opuesta,
ofreciendo fuertes argumentos en favor de
la propiedad privada. En Esparta, la libertad individual era prácticamente
inexistente, pues todos los recursos se consideraban que debían estar
subordinados al Estado.
Para Aristóteles, la propiedad privada es superior a
la propiedad común, principalmente por su
productividad, que es mayor. El filósofo pensaba que los bienes cuando son
comunes reciben menos cuidado que cuando
son propios; con esto se transformaba en defensor de la existencia de la propiedad privada en la sociedad. No
sólo lo veía así en función de la productividad. También partía de la base que
existiendo propiedad privada se permitía
aplicar ciertas virtudes, como ser: ser generoso con algo que no es propio.
Además ser dueño de los bienes instaba a regular le relación de las personas
sobre su uso.
Razonaba que la propiedad
privada estaba fuertemente implantada en la naturaleza humana: en el ser
humano, el amor a sí mismo, al dinero y a la propiedad están íntimamente
ligados en un afecto natural a la
propiedad exclusiva. Aristóteles no deja de apuntar que la propiedad
privada ha existido siempre y en todas partes. Intentar imponer la propiedad comunal en la sociedad supondría
menospreciar lo que es resultado de la experiencia humana para aventurarse en
algo nuevo e inexplorado. Abolir la propiedad privada probablemente
acabaría creando más problemas de los que resolvería. Por esto, en su teoría
sólo la propiedad privada posibilita actuar moralmente, esto es, practicar las virtudes de la benevolencia y
la filantropía. Forzar a una propiedad comunal destruiría tal posibilidad.
En cuanto al dinero, la teoría al respecto profesada por Aristóteles ( también
opuesta a la de Platón) se refería a que la mera existencia de una sociedad no
intervencionista implica el intercambio
de bienes y servicios; este intercambio toma ‘naturalmente’ al principio la
forma de trueque; pero la persona que desea lo que otra tiene carece acaso
de lo que ésta desea; por lo tanto será a menudo necesario aceptar en cambio
algo que no se desea, con objeto de obtener lo que se desea por medio de otro
acto de trueque (intercambio indirecto); entonces
una conveniencia evidente inducirá a la gente a elegir –tácitamente o por un acto legislativo – una
mercancía (Aristóteles no considera la posibilidad de que la gente elija
más de una) como medio de cambio.
Menciona brevemente el hecho de que algunas mercancías –como los metales– son
más adecuadas que otras para esta función, y anticipa así algunos de los
lugares comunes más trillados de los manuales del siglo XX acerca de la
homogeneidad, la divisibilidad, la portabilidad, la estabilidad relativa del
valor, etc. Además, las implicaciones de la regla de equivalencia en el intercambio le conducen naturalmente
a observar que el medio de cambio se utilizará también como medida del valor. Por último, reconoce, implícitamente al
menos, el uso de ese medio como
depósito de valor. Por lo tanto, es posible remontarse hasta Aristóteles en la
historia de las tres o cuatro funciones del dinero tradicionalmente enumeradas
en los manuales y tratados del siglo XX (la cuarta consiste en servir de
criterio o patrón del pago diferido).
(continuará)
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