No podemos negar que estamos pasando una crisis profunda y sin precedentes. Para algunos se trata de una crisis de tipo estructural. Podemos aventurarnos a afirmar que la sociedad industrial que hemos conocido – la que aún, en realidad estamos viviendo -, ha entrado en crisis. Si existe un punto de concordancia entre los especialistas y estudiosos es precisamente que la clave para interpretar la crisis que atraviesa el sistema capitalista pasa por el fenómeno del trabajo, o sea, pasa por el cambio que presenta el mundo laboral al fin del siglo pasado y que, evidentemente, tendrá su incidencia en el presente.
En ese sentido, creemos que comprender la naturaleza del trabajo, su evolución y su significado actual, nos permitirá entender el presente y, además, entrever qué nos aguarda en el futuro. El trabajo debe entenderse como un producto social, la concepción moderna del trabajo, o sea, del trabajo asalariado (empleo) es precisamente lo que se está cuestionando. Se trata, afirman, de un modelo que genera desempleo, segmentación, precarización y una serie de situaciones que, en consecuencia habrá que replantear.
Se exige, pues, un nuevo proyecto de organización social, un nuevo modelo que erradique el proceso de desigualdad y vulnerabilidad social que está propiciando la evolución última del capitalismo de acumulación.
Desde hace años, un buen número de expertos viene repitiendo de manera permanente que estamos transitando hacia una diferente etapa de la historia mundial, una nueva fase que apunta como rasgo principal a la posible desaparición del trabajo. En base a estos cambios se encuentra, según algunos autores, tres fenómenos interconectados: una revolución tecnológica centralizada en las tecnologías de la información; la formación de una economía global y un profundo cambio organizativo caracterizado por la descentralización y la flexibilidad. Como consecuencia de esta compleja transformación, se ha originado una nueva división internacional del trabajo que, a su vez, está implicando una serie de novedosas situaciones, mecanismo y estrategias en lo que se refiere al ámbito de lo productivo-económico-laboral emergiendo asimismo nuevos escenarios, nuevos protagonistas y nuevos valores. Precisamente esa convulsión tecnológica, financiera y económica está consolidando los procesos de fraccionamiento que provocan una segmentación perversa.
Los resultados de esta nueva transformación ha provocado reacciones: paro estructural, precariedad sociolaboral, incremento de los índices de criminalidad, umbrales de pobreza cada vez más transitados; así como el aumento preocupante del número de ciudadanos que quedan “al margen” sometidos a la más estricta exclusión social. Esto parecería señalar que la nueva economía de la información es muy dinámica, pero también potencialmente excluyente.
Podemos afirmar que el desempleo (y por extensión la precariedad del empleo que se va generando y generalizando) se ha convertido en un tema de gran relevancia y preocupación para instituciones internacionales y gobiernos, para políticos y especialistas y, en general, para todos los ciudadanos.
Pero la pregunta es: ¿cómo salir de este proceso?. Las estrategias que se manejan para dar respuesta a este desalentador escenario son variadas y de implementación difícil y/o impopulares. Habrá que ayudar a la gente a asimilar estos cambios y a facilitar la adaptación y transición con el menor número de impresiones posibles. En torno a lo manifestado, existen varias estrategias, de las cuales algunas se han aplicado. Una propuesta es la de “trabajar menos para trabajar todos”. Se trataría de repartir mejor la carga del trabajo, pero también los beneficios.
Otros enfoques se basan en reducir la jornada laboral. De todas formas y a pesar de las controversias que siempre producen estas medidas ha servido para proseguir con el debate necesario e ineludible sobre el empleo y el futuro del trabajo. Otras de las medidas que se proponen es ampliar en todas sus posibilidades la fórmula del trabajo a tiempo parcial, limitar y controlar las horas extraordinarias por ley, alentar y combinar de manera coherente y sistemática los periodos de trabajo y de formación ocupacional, buscar nuevos trabajos en lo que se viene señalando como nuevas fuentes de empleo, reconocimiento social y profesionalización de las nuevas actividades que demandan los nuevos tiempos.
Estas son solo algunas posibilidades para aplicar como soluciones al tema desempleo; pero deben animar a profundizar y reflexionar en cómo llevarlas a la práctica. La decadencia del trabajo (que no sería desaparición) propiciada fundamentalmente, por la incorporación masiva de las nuevas tecnologías, particularmente de la información y comunicación, puede servir para concebir y plantear una nueva y mejor organización social.
No hay comentarios:
Publicar un comentario