La deuda de los Estados Unidos es el mayor problema de la actualidad. El secretario del Tesoro, había expresado que sin un aumento en el límite de la deuda para el 2 de agosto, Estados Unidos podría caer por primera vez en su historia en el incumplimiento del pago, lo cual tendría consecuencias muy serias para la economía.
La salida de la crisis de los estadounidenses no parece haber sido clara. Ahora, se encuentra frente a una nueva crisis inminente de deuda que podría desencadenar una nueva recesión. Esto trae, como primera consecuencia, peligro en sus inversiones en el mercado bursátil y desconfianza en su economía.
Es conveniente destacar que la deuda pública de Estados Unidos alcanzó su nivel más elevado en 1945, al finalizar la segunda guerra mundial, cuando llegó al 120% del PBI. Desde ese momento, y a lo largo de 35 años, con las administraciones de Harry Truman, Dwight Eisenhower, John Kennedy, Lyndon Johnson, Richard Nixon, Gerald Ford y Jimmy Carter, la deuda disminuyó progresivamente hasta situarse en el 34% del PBI en 1980. Desde ese momento, la deuda avanzó hasta tocar el actual techo, haciendo que Estados Unidos se enfrente peligrosamente al default o impago masivo.
La deuda alcanza en la actualidad el límite máximo autorizado por el Congreso, pero los parlamentarios se han negado hasta ahora a ampliarlo. Desde comienzos de abril, el Tesoro de Estados Unidos había avisado en repetidas ocasiones que el 16 de mayo era la fecha en que llegaría al techo de 14,29 billones de dólares, barrera más allá de la cual el Estado ya no puede incrementar su endeudamiento.
Los datos ya señalaban que al 31 de marzo de 2011, la deuda pública emitida por EEUU era muy elevada. El Gobierno estadounidense había insistido en vano al Congreso sobre la necesidad de aumentar el techo: "Si los inversores mundiales piensan que el crédito y la buena fe de EEUU no está respaldada, si piensan que podemos renegar de nuestros compromisos crediticios, todo el sistema financiero podría colapsarse", dijo el presidente. Y añadió que "podríamos padecer una recesión aún peor que la que hemos padecido, una crisis financiera peor que la que hemos pasado" .
También se conoció la advertencia de la agencia de notación financiera Standard & Poor’s. al mencionar la posibilidad de reducir de “estable” a “negativa” la perspectiva de evolución de la deuda estadounidense de largo plazo - que por ahora goza de la nota AAA, la más alta posible -. La agencia no descartaba un próximo impacto desfavorable. Esta no es solamente la primera vez en la historia que se considera tal reducción, sino que Estados Unidos es el único Estado importante que dispone de la nota AAA y está amenazado con la posibilidad de que se ponga a juicio la capacidad de su economía para cumplir con sus compromisos financieros.
Si EE.UU. no cumple con el pago de su deuda, la situación daría lugar a una crisis financiera mundial, que probablemente llevaría al país hacia una nueva y más profunda recesión. Esta amenaza económica podría ser la única posibilidad por la cual demócratas y republicanos se unan para solucionar la situación. Una actitud que no está garantizada. Los republicanos se retiraron de las conversaciones con el gobierno sobre la deuda, y con gesto dramático culpaban a los demócratas porque pedían un aumento de impuestos en vez de aceptar una reducción por más de un billón de dólares en varios programas que incluyen la atención médica a ancianos.
No solamente es la deuda el problema que azota a Estados Unidos, sino la presencia de una crisis fiscal abrupta, donde los inversionistas podrían deshacerse de los bonos estadounidenses lo que llevaría al Gobierno a pagar tasas de interés mucho más altas. Claro, esto traería aparejado recortes al gasto y aumentos fiscales mucho más severos que si se evitara la moratoria.
Estados Unidos corre el riesgo de no abonar su deuda a menos que el gobierno eleve el techo de la deuda federal en las próximas semanas. Los republicanos, que controlan la Cámara de Representantes, insisten en que la velocidad a la que EE.UU. incurre en la deuda se debe reducir drásticamente antes de negociar el voto para aumentar el límite de la deuda. Hoy la gran fragilidad norteamericana es su enorme déficit público. La cuestión se complica porque, a diferencia de lo que ocurre con algunos países europeos que son favorecidos por Alemania o Francia, no sucede lo mismo con la potencia norteamericana.
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