domingo, 26 de junio de 2011

La Cumbre sobre ética en economía y negocios

La ética y la conducta empresarial siguen siendo temas relevantes especialmente preguntando qué significa, de hecho, ser una empresa virtuosa. Hay una gran cantidad de literatura sobre el tema y miles de políticas diversas entre las empresas con respecto a la conducta ética. Bajo la responsabilidad social corporativa se incluyen multitud de materias: condiciones laborales en las fábricas de los países en desarrollo; trabajo infantil; garantizar precios justos para los productores; preocupación medioambiental; y derechos humanos.
Sin lugar a dudas las empresas pueden tener diferentes motivaciones a la hora de seguir políticas virtuosas. Algunas pueden ser defensivas, para evitar publicidad hostil, mientras que otras pueden provenir de un compromiso genuino por las metas sociales. En cualquier caso, el mercado es la fuente de virtud corporativa que la ha hecho posible. Desde una perspectiva de mercado, los negocios pueden justificar políticas de responsabilidad social, bajo ciertas circunstancias.

Luego de esta introducción, comentaremos un Foro muy importante organizado en el Vaticano que hace referencia a la ética en la economía y de manera principal, en los negocios.

La Santa Sede inició a mediados de junio una importante cumbre internacional sobre la ética en la economía en el mundo actual en la que se analizan los factores que llevaron a la crisis financiera global y se plantea a la ética como antídoto a futuros problemas económicos. El evento de tres días de duración fue organizado también por la Pontificia Universidad Regina Apostolorum y el Fidelis International Institute for Business Ethics, y buscó promover prácticas financieras de acuerdo a la Doctrina Social de la Iglesia. En total, fueron unos 100 expertos de todo el mundo los que estuvieron presentes en la "Cumbre Ejecutiva sobre Ética en el mundo de los negocios" que se inició con una Misa en la Basílica de San Pedro.

Entre los textos que se analizaron, está en primera línea la encíclica social "Caritas in veritate" (Caridad en la verdad) del Papa Benedicto XVI que publicó en el año 2009 (esta encíclica la hemos comentado en nuestro blog del 10/05/2010 bajo el título “Hacia una economía más humana”). Al leer toda la encíclica se descubre que es muy útil debatirla para hacer frente a la crisis financiera". Otras expresiones sostuvieron que el crecimiento económico, para ser sostenido, necesita ir de la mano con el desarrollo ético, algo que está siendo cada vez más aceptado también en China."La gente está comenzando a darse cuenta que no se puede simplemente hacer negocios sin mirar la ética, sin mirar la responsabilidad social, y no es solo el caso de 'business son business' (negocios son negocios), sino que se debe ver las consecuencias sociales de toda decisión económica". También se expresó que “ las enseñanzas de la Iglesia definitivamente son un medio para luchar contra la corrupción”. En este sentido el representante de Uganda señalaba que "la corrupción es como un cáncer que se puede detener fácilmente si se detecta tempranamente. Creo que la familia como unidad y la Iglesia pueden jugar aquí un importante papel. Y esa es la razón por la que la conferencia es tan útil".

La Iglesia siempre ha manifestado que la actividad empresarial es esencial para el bien común. La Doctrina Social de la Iglesia ha recordado y recuerda que la actividad empresarial debe estar orientada al bien común y no sólo al beneficio privado de sus propietarios, pero, al mismo tiempo, las distintas encíclicas sociales, muy especialmente la Centesimus Annus y la Caritas in Veritate, han señalado con fuerza la naturaleza profundamente social y civilizadora de la empresa y del mercado. No puede concebirse una vida buena y feliz para muchos, que tienda a serlo posiblemente para todos, sin empresarios que creen puestos de trabajo, riqueza y nuevos productos, sin innovadores que desplacen hacia delante las fronteras de las oportunidades y de las libertades efectivas de las personas.

La Iglesia tiene una mirada positiva sobre el mundo de la economía, el trabajo y la empresa, viéndolo como un valioso lugar de creatividad y de pasiones cívicas, como una realidad humana positiva que, como todas las demás, puede tener sus patologías, pero cuya fisiología y normalidad son buenas, cívicas y humanizadoras.

El empresario no es un especulador sino esencialmente un innovador. El especulador se plantea como objetivo de su actividad la maximización del beneficio y las actividades de la empresa son sólo un medio para alcanzar el fin, que es el beneficio. Así, construir carreteras, hospitales o escuelas no es el fin del especulador sino sólo un medio para su fin de maximizar el beneficio. Inmediatamente se comprende que la idea de empresario que la Iglesia señala como protagonista y constructor del bien común no se corresponde con la del especulador.

El empresario es un sujeto distinto. Leemos en la Caritas in Veritate: “En este caso, caridad en la verdad significa la necesidad de dar forma y organización a las iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, quieren ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo”. El empresario es sobre todo un innovador que genera e impulsa proyectos. Para él, para ella, para ellos la actividad empresarial no es nunca puramente un medio o un instrumento, sino parte del objetivo mismo; no es lógicamente posible distinguir la actividad de su finalidad, porque la actividad empresarial tiene también un valor intrínseco, un valor en sí misma.

Muchas son las teorías éticas sobre la responsabilidad social de la empresa y no todas ellas pueden compartirse a partir de la antropología y del humanismo cristianos, en especial cuando las prácticas de responsabilidad social son sobre todo e intencionadamente un instrumento de marketing que prescinde las relaciones internas y externas de la empresa, del destino de los beneficios, de la justicia, de la participación de los trabajadore.
La actividad económica y empresarial, cuando se desarrolla en el sentido señalado por la Doctrina Social de la Iglesia, es inherente a la ética, ya que no hay bien común sin empresarios a los que, a la luz de la "Caritas in Veritate", deberíamos llamar “civiles”, en el sentido de que no existe ningún empresario éticamente neutral: o el empresario es civil y edifica con su actividad el bien común el bien de todos y cada uno, o es incivil cuando no fabrica buenos productos, no innova, no crea riqueza ni puestos de trabajo, no paga impuestos.
Respecto del gran tema de la responsabilidad social de la empresa, señala también la "Caritas in Veritate": “la gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de sus propietarios, sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa: trabajadores, clientes, proveedores de los diversos elementos de producción, la comunidad de referencia”. El empresario debe utilizar sus talentos de innovación y creatividad para hacer frente a retos que van más allá de la economía y del mercado.
En particular, hoy hay una demanda creciente de trabajo en países enteros que tienen muchos jóvenes y poquísimo trabajo: hace falta innovación y una nueva iniciativa para incluir dentro de la empresa, de la economía y del mercado a tantos excluidos. La economía y la empresa han desarrollado y desarrollan plenamente su función de construcción del bien común cuando incluyen a segmentos de excluidos (pensemos en los obreros de las fábricas del siglo pasado), haciendo que estas personas pasen de ser problemas a convertirse en recursos y oportunidades para ellas mismas, para la empresa y para toda la sociedad .

Fuente: ETWTN

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