En términos generales, el producto y el ingreso constituyen la misma cosa, considerados desde puntos de vista diferentes. Lo generado por el esfuerzo productivo en el país en un año dado – desde el aspecto de dónde se lo produce – se llama producto. Ese valor agregado se descompone a su vez en: salarios, renta del suelo, beneficios e intereses, en cuyo caso, se denomina ingreso.
En otros términos, el valor agregado desde el enfoque de la producción se conoce como producto y si lo analizamos desde el punto de vista de quien lo recibe, se llama ingreso. Por su parte, el ingreso o producto “per cápita” es un promedio que no tiene relación con el ingreso que percibe realmente un habitante. Puede suceder que algunas personas obtengan ingresos elevados en cambio otros perciban ingresos escasos. El ingreso “per cápita” nivela los valores extremos y no da cuenta de la realidad económico-social. No obstante, se lo puede tomar como uno de los indicadores de nivel de vida de un país.
Los valores del ingreso, se trasladan a una moneda constante para poder hacer comparaciones entre diferentes años. Se lo puede expresar en: a) moneda constante, b) en variaciones porcentuales, c) mediante números índices, d) en moneda externa, p.ej. dólares, permitiendo de esa manera comparar el ingreso del país con los de otros países.
Pero la comparación no serviría si no se mide el poder adquisitivo del ingreso, que estaría dado por el valor de los bienes y servicios en cada país. Así, un ingreso “per cápita” de 1000 dólares mensuales no tienen el mismo poder adquisitivo en la Argentina que en E.UU. Para poder comparar será necesario conocer el valor promedio de los bienes y servicios que necesita una persona para vivir en ambos países.
También es bueno recordar, que la distribución funcional del ingreso determina qué porción del producto bruto es apropiada por los factores que intervienen en la producción. Dentro de estos factores, el trabajo y el capital tienen una especial relevancia. La participación del factor trabajo puede sufrir variaciones aumentando o disminuyendo. Si la participación aumenta, la demanda de bienes y servicios se expande porque el sector asalariado posee una gran propensión al consumo. Esto es debido a que, un bajo nivel de ingresos tiene consumos insatisfechos. Así, cuando una familia recibe un ingreso mensual bajo, le permitirá acceder sólo a las necesidades imprescindibles, como la alimentación y el vestir , etc., pero si dicho ingreso aumentara realmente, es muy probable que el incremento no lo destine al ahorro, sino a la adquisición de bienes de consumo durables.
Las familias y las empresas destinan los ingresos recibidos por la participación en el proceso productivo a consumo y ahorro. Puede ocurrir que se consuma la totalidad y en este caso no habrá ahorro. Agreguemos que también el Estado produce servicios y consume bienes y ahorra. Las familias o unidades de consumo, las empresas o unidades de producción y el Estado deberán realizar entonces sus respectivos presupuestos de ingresos procurando un equilibrio y no llegar al déficit. Incluso, una parte del ingreso deberá permitir reponer el capital físico amortizado, y además ampliarlo (inversión neta).
Queda claro, que a mayor producto o valor agregado, corresponde un mayor ingreso. Los aumentos o disminuciones en el poder adquisitivo pueden deberse a una política de redistribución de ingresos que asigne a un sector, una mayor o menor participación, a través del ajuste en el salario real.
Destaquemos aquí que la inflación afecta a los ingresos porque reduce el poder de compra real del salario, ante la imposibilidad del salario nominal, de seguir el ritmo de los precios. Entonces, los aumentos o disminuciones en la producción provocará obviamente aumento o disminución en los ingresos de los distintos sectores sociales. Al disminuir la producción, la desocupación que afecta al sector asalariado se traduce en una menor participación en el ingreso y además, en una retracción del salario real por la presión que ejerce una oferta de trabajo excedente que el sistema económico no puede absorber.
1 comentario:
Prof. Villafañe:
mi nombre es Marianela Schichili, tengo 19 años y soy estudiante de 2 año de la carrera de CPN de Facultad de Ciencias Economicas de la Universidad Nacional de Salta, y solo me gustaria comentar que el articulo es por demas interesante y enriquesedor puesto que desde hace años se viene discutiendo sobre la objetividad de algunos indices como el PBI o el PNB, etc que al no ser reajustados por monedas homogenea pierden su capacidad de arrojar resultados veraces. Cabe agregar que es un articulo que insta a un debate un poco mas profundo por parte de economistas, contadores, licenciados y demas profesionales de las Ciencias Economicas.
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