En realidad, respondiendo un análisis del tema tal como se expresa en el título, la variable consumo, no determinaría el ciclo económico. El consumo puede ser, más o menos activo sobre situaciones que se presentan en las diferentes fases del ciclo, originadas por causales enunciadas en las mayorías de las teorías. En tal caso, el consumo sería la consecuencia a la cual puede llegarse. Generalmente, un desempleo de factores, daría origen a una reducción en la demanda con contracción del consumo. Esto permite aseverar que el gasto de consumo está unido a causas primeras: saturación del mercado, iliquidez acentuada, contracción de los negocios o mayores disponibilidades con abundancia de bienes y servicios. La dinámica de la fase del ciclo activará o reducirá la demanda. En situación de economía activa, el consumo promoverá la inversión (efecto acelerador), como en ocasiones de crisis, la inversión autónoma impulsará al consumo, ante una mayor inversión.
Aunque existen teorías que darían a entender que el consumo tiene una notoria incidencia - no en su determinación directa -, pero sí ocupa un lugar trascendente tanto en la faz contractiva como en la expansiva.
El economista inglés Hobson consideraba que la desigualdad en la distribución de las riquezas era la razón de las fluctuaciones cíclicas. Dado que los que reciben altos ingresos no gastan más que una parte en bienes de consumo, ahorrando e invirtiendo el resto, se origina un aumento progresivo de los bienes de producción y, consiguientemente, un continuo acrecentamiento de los bienes de consumo. Pero como la gran masa recibe cuotas demasiado bajas de riqueza, no se halla en condiciones de adquirir dichos bienes, de modo que se manifiesta el exceso de producción respecto a la capacidad de absorción del mercado. De aquí la congestión del mercado, la caída de los precios, la disminución de los beneficios y de los ingresos de las clases ricas.
Para conservar su nivel de vida, este sector gasta entonces una mayor proporción de sus ingresos reduciendo sus ahorros. De este modo baja el volumen de inversión en bienes de capital, colocándose el consumo al nivel de la capacidad productiva, agotándose las reservas y subiendo de nuevo los precios. Pero cuando la nueva alza de los precios hace aumentar los beneficios, se repite la desproporción en la distribución de las riquezas a favor de las clases de mayores recursos (capitalista y empresarios), y se repite también el exceso del ahorro y de inversión en bienes de capital y por consiguiente el aumento de los bienes de consumo. El insuficiente poder de compra de la gran masa no permite adquirir estos bienes, produciéndose de nuevo un desequilibrio entre la producción y la capacidad de consumo.
En resumen, hay algunos teóricos que para valorizar sus explicaciones de los ciclos, resaltan con frecuencia el hecho de observación común de que no pocas empresas dedicadas a la producción de bienes instrumentales y de consumo presentan una capacidad productiva no aprovechada; argumentando que si las empresas utilizaran su plena capacidad no harían otra cosa que intensificar la congestión del mercado y agravar la depresión. En cierto modo, la existencia de capacidad de fabricación no aprovechada es – según este enfoque – indicio exacto de una desproporción entre los ingresos dedicados a las inversiones y los ingresos destinados al consumo.
Pero dichos argumentos pueden descuidar el hecho de que existen distintos motivos capaces de explicar la razón del excedente de los capitales fijos en relación con el volumen corriente de producción. Además de los disloques regionales y de aquellos relacionados con el desplazamiento de la demanda, es preciso tener presente sobre todo la circunstancia de que la indivisibilidad de algunos capitales fijos resulta un obstáculo insuperable para adecuar exactamente la capacidad productiva al volumen corriente de la producción.Los estudios especializados de la década del setenta incluyeron la reconsideración acerca del consumo y de la teoría del consumo en base a las expectativas racionales, propuesta por Robert Hall de Stanford University. Hall tuvo el mismo punto de partida que Modigliani y Friedman: el consumo depende de la riqueza y ésta depende del ingreso futuro haciendo uso de cualquier información disponible. Las expectativas cambian solamente como resultado de nueva información, que llega en forma aleatoria. Por tanto, las estimaciones de la gente sobre su riqueza, junto con su consumo, cambian aleatoriamente. Ninguna otra variable, además del consumo corriente, tiene valor para predecir el consumo futuro. Consumo e ingreso están correlacionados, pero las alteraciones en el ingreso no ocasionan los cambios en el consumo. Todos comparten que la teoría de la función consumo tiene una implicación importante. Debido a que el gasto de consumo lo determina principalmente el ingreso disponible, la mayoría de los cambios del gasto de consumo resultan del cambio del ingreso.
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