En el plano de la educación, la noción de capital humano apareció cuando se procuró vincular el desarrollo de la educación al desarrollo económico. En los países emergentes y en varios países industriales, el crecimiento espontáneo o deseado de los efectivos escolares llevaron a aplicar a la educación las técnicas de previsión y programación económicas. Los trabajos efectuados en este sentido han recaído, sobre el cálculo de los costos de la educación, a fin de cifrar, en función de los aumentos de efectivos previstos, los gastos de funcionamiento y de inversión para periodos plurianuales. Esta preocupación ha venido a unirse con la de las investigaciones, y varios economistas han empezado, a encarar el de la educación, desde el ángulo de la financiación. Si bien el término “gasto social” es utilizado en la mayoría de las expresiones, el concepto subyacente en este tipo de estudios está más relacionado con “inversión social”. La diferencia radica en que el primero hace referencia a bienes o servicios que desaparecen al consumirse, en cambio con inversión se alude a bienes y servicios que una vez consumidos, se reproducen de alguna manera. En este sentido, las erogaciones destinadas a satisfacer las necesidades básicas en salud, nutrición, vivienda y especialmente educación, pueden ser consideradas como “inversión en capital humano”.
Los niveles de inversión en capital humano, en pesos constantes, han tenido una tendencia creciente a partir de 1990, correspondiendo la parte más importante de este incremento a educación básica y atención médica. Los recursos que financian en gasto público social están constituidos por fondos provenientes del sistema tributario y no tributario, del endeudamiento externo e interno y de donaciones de diversas fuentes. Estos recursos pueden estar asignados a cualquier sector o estar vinculados a algún tipo de prestación específica. Con respecto a los primeros, pueden provenir de distintos niveles de gobierno y financiar diferentes tipos de gastos. Así por ejemplo, gran parte de la educación universitaria se financia con rentas nacionales y la educación general básica y cierta enseñanza con recursos provinciales, mientras que los servicios urbanos cuentan con financiación municipal.
La expresión “capital humano" es relativamente reciente y se refiere a un concepto aún por definir científicamente y de analizar cuantitativamente. Asocia, en efecto, a dos nociones consideradas hasta ahora como heterogéneas y estudiadas por diferentes disciplinas.
Para los estudiosos de economía, el capital designa una categoría de bienes llamados de “producción “, que tienen la propiedad de obtener otros. El ser humano interviene como factor mano de obra que debe asociarse al factor capital para dar lugar al proceso de producción de riquezas. En esta visión se trata de dos variables independientes.
Para las demás ciencias humanas, el hombre puede ser objeto de investigaciones y de medición pero el análisis de estas disciplinas recae sobre su comportamiento individual o social, y no sobre su función de productor de riqueza, que se considera como un aspecto del “hombre económico”, estudiado en economía.
Por último, para los especialistas de la educación, ésta última no tiene por principal finalidad formar productores, sino desarrollar las aptitudes intelectuales y morales de cada individuo al máximo de sus posibilidades. Si nos limitamos al “factor educación “parece evidente que una mano de obra calificada es más productiva que una mano de obra no calificada, y que una hora de trabajo, p. ej. de un obrero formado por años de enseñanza primaria seguido por años de enseñanza técnica, producirá más bienes que la hora de trabajo de un obrero analfabeto de comienzos de la Revolución Industrial.
Los problemas que plantean las investigaciones acerca del crecimiento económico, la escasez de personal altamente calificado y el desarrollo de la educación, conducen a unos y a otros a precisar la noción de capital humano. Pero ninguno de éstos métodos de aproximación permite, hoy por hoy, analizar esa noción de manera satisfactoria. De ahí que las investigaciones emprendidas en las distintas direcciones utilicen el concepto de capital humano como una hipótesis de trabajo y no como una categoría económica científicamente establecida.
Las comparaciones entre los diferentes países presentan asimismo mucho interés, pero tampoco aportan una respuesta científica al problema planteado. La Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE) han trazado algunas comparaciones para relacionar los gastos de educación (o las tasas de escolarización) con el PBN o con los presupuestos nacionales) , con el total de los gastos públicos, o el monto –bruto o neto- de las inversiones. Permite, principalmente comparar el esfuerzo cumplido para cada país en materia de educación, ya que las correlaciones solo se vuelven significativas cuando se hacen intervenir otros factores para explicarlas.
El “stock de educación” puede también expresarse en términos monetarios si se calculan los gastos totales del funcionamiento e inversión de todos los tipos de enseñanza (primaria, secundaria y superior) del sector público y del sector privado, de acuerdo con la clasificación de la UNESCO. Luego, el total de los gastos de educación se distribuye entre población inactiva y población activa, y ésta última cifra expresa el costo de producción del stock de educación de la fuerza de trabajo. De esta conformidad se puede obtener una serie que se insertará en el cálculo económico, junto a la serie de las inversiones en capital material.
Es oportuno precisar que en determinados casos, la educación desempeña el papel de un multiplicador de la ocupación, puesto que los gastos destinados a la formación de los trabajadores calificados crean la posibilidad de emplear un número mucho mayor de trabajadores en tareas productivas.
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