Sin lugar a dudas, causará sorpresa a nuestros amables lectores, el título del tema que tocamos hoy. Pero reiteramos que este blog cubre todos los aspectos que de alguna manera tienen vinculación con la Economía. No nos especializamos solo en la profundidad de teorías económicas, ni pretendemos brindar puntos de vista encuadrados sólo en los niveles académicos. Aunque estos puntos siempre los trataremos en nuestro carácter de profesores de la materia. En este caso, podrá advertirse la seriedad de las reflexiones en los comentarios que hacemos, se compartan o no.
Pero no queremos alejarnos del lado cotidiano de las cosas y costumbres que también tienen vinculación con la materia. Nos referimos al humor que debe tener siempre el economista, a quien a menudo se lo presenta serio, con anteojos de gruesos lentes, llenos de planillas y estadísticas, ojeroso por las noches sin dormir y siempre preocupado por los ataques que a menudo recibe cuando las cosas no salen como se habían pensado. ¡NO! Un economista sincero que cumpla con su deber, que defienda con amor al país donde vive y ejerce su profesión, debe ser una persona cordial, amable, alegre y servicial. No toleramos a los economistas soberbios, que quieren solo ser los protagonistas de las situaciones.
Nos referimos a los estudiosos de la economía con responsabilidades en sus funciones quienes, además de enfocar sus trabajos profesionales con verdadera pasión, de poseer firmeza en sus convicciones y esforzarse en aplicarlas cuando van con miras al bienestar de la gente de su país, e inclusive del mundo. Un estudioso de la economía debe poseer cierta dosis de cordialidad y simpatía. El economista lord Keynes, además de la profundidad de sus opiniones y sus amplios conocimientos, le agradaba dialogar con todos los sectores, le gustaba la ópera, el teatro, brillaba por su simpatía en reuniones, escuchaba a sus adversarios amablemente, y hasta sus propios enemigos lo respetaban.
Hace pocos días volvimos a ver una película interpretada por Robin Williams “Patch Adams”. Se refería a un médico con notas brillantes en sus estudios, pero que muchos no lo aceptaban, porque aún en su seria profesión, hacía bromas con los pacientes, divertía a los niños, creaba siempre climas de bienestar y hasta de alegría.
Con esta introducción queremos confirmar que en estos blogs se encontrará enlazado lo serio, con lo cotidiano y habitual, lo novedoso con lo risueño y festivo, y muchas veces rescataremos lo que nos parece justo; combatiremos la injusticia que casi siempre están en las manos de sectores del poder, y bregaremos por economistas conscientes de su responsabilidad en la profesión. Pero eso sí, cualquier temas que toquemos de una u otra manera tendrá su vinculación con la economía.
En este escrito imaginamos la relación entre el tango y la economía:
Según un relevamiento, cerca de 3,5 millones de personas son movilizadas anualmente en alguna actividad vinculada al tango en la Ciudad de Buenos Aires. En este contexto, se destacan dos ofertas que son centrales en la renovada vitalidad de este género: los espectáculos tipo cena show —muy impulsados por el turismo, con una mayor incidencia en el flujo económico del sector—; y las milongas y academias de baile, más orientado hacia el público local y que dan cuenta del espacio socio-cultural existente.
Los datos surgen de la investigación titulada "El Tango en la Economía de la Ciudad de Buenos Aires", la primera de su tipo que se conoce y que fue ordenada por la Subsecretaría de Industrias Culturales porteña. En ella se resalta que todas las industrias culturales se valieron del tango para enriquecer sus catálogos, crecer en los mercados y llevar la letra y la música a millones de personas en distintas partes del mundo.
Es que el negocio del tango mueve en todo el mundo alrededor de 3.000 millones de dólares anuales y muchos de los emprendimientos que facturan otros países nacieron de la mano de emigrantes argentinos.El Tango es sinónimo de la cultura argentina. Se hace referencia a un modo de pensar, de vivir y hasta de sentir, pero también es una lucrativa actividad y un motor interesante de la economía. Después de la devaluación e impulsado por el crecimiento del turismo extranjero, el tango se afianzó como una industria cultural: ésta música ciudadana generó 400 millones de pesos en la Ciudad de Buenos Aires, a través de su oferta cultural y de actividades.
El estudio no sólo trabajó en el análisis en relación al tango como género, sino fundamentalmente en su impacto social, económico y simbólico. Construye un mapa de toda la infraestructura territorial que genera, información básica sobre actores involucrados y debates internos del género. El informe, que se centró en la evolución de esta estructura económica en la ciudad de Buenos Aires en los últimos seis años, fue elaborado por Jorge Marchini, profesor titular de Economía en la UBA y ferviente amante de la música ciudadana. En tanto, el ministro de Producción, había remarcado: "Con esta investigación, se demuestra que el tango es una de las industrias más movilizadoras de la producción local, con un fuerte crecimiento que habla de su vigencia y potencialidad para el futuro".
Anotemos en el recuerdo que la depresión económica de los años 30, que provocó el éxodo de los hombres del campo a la ciudad -con la consecuente desocupación-, la introducción de los nuevos ritmos extranjeros y las primeras películas sonoras, son los factores que incidieron en la primera influencia del tango. La visión de los hechos contradictorios marcó un recuerdo traumático en la memoria de la mayoría de la población. Sin embargo, de estos años surge un gran compositor: Enrique Santos Discépolo, quien configura una poética sarcástica, desesperada y grotesca, fiel intérprete de la situación del momento. Las letras de los tangos de Enrique Santos Discépolo son un testimonio de aquella atmósfera de descreimiento, desazón, inseguridad y escasez. Pero es en la letra de “Cambalache” donde Discépolo deslumbra haciendo prestidigitación con las metáforas, donde intenta provocar una conmoción emotiva y también donde aparecen nítidos su pesimismo y su desesperanza.
Discépolo plasma en sus tangos ("Yira yira, "Cambalache", "Confesión", etc.) un equivalente a lo que su hermano Armando muestra en sus piezas culminantes y a lo que irrumpe con Roberto Arlt en la narrativa: una estética expresionista, de trazos caricaturescos y desgarradores que "Cambalache" lleva a sus últimas consecuencias:
Entre los títulos de tangos que tienen alguna connotación económica y que se recuerdan en boca de los más diversos cantores (dejando de lado muchas veces lo chabacano y ciertas expresiones aún aceptadas en el lunfardo) estarían: “Tomá estas monedas” (de Juan D!Arienzo, con letra de Carlos bahr), “Dinero, Dinero”, (letra de Cátulo Castillo y música de Enrique Delfino; “Qué hacés, qué hacés” (música de José Di Clemente y letra de Jesús Fernández Blanco, “Que vaschache? (discépolo), “Muñeca Brava” ( música de Luis Visca y versos de Enrique Cadícamo), “Buenos Aires es una papa” (música: Enrique Delfino y letra de Camilo Darthés, “¿Dónde hay un mango? (Letra de Ivo Pelay y música de Francisco Canaro) en realidad esta es una ranchera; “Oro y Plata” (letra de Homero Manzi , música de Charlo) en realidad esta es una milonga candombe; “Pan” (letra de Celedonio Flores, con música de Eduardo Pereyra); “Al mundo le falta un tornillo” (letra de Cadícamo y música de José M. Aguilar). Destacamos que habrían muchos más títulos, solamente hemos enunciado algunos que de alguna manera hacen alusión en su jerga, a puntos relacionados con monedas, dinero, crisis , alimentos, oro, plata, etc.
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