Es la rama de la Economía que estudia la producción y distribución de la salud y atención sanitaria. Su desarrollo ha generado importantes avances teóricos en la economía de la información y en la economía del seguro. Por este motivo, el estudio y conocimiento de esta disciplina requiere una base teórica propia especializada y con un enfoque multidisciplinario.
La denominación de “Economía de la Salud” se refiere especialmente a la evolución del ser humano en consideración a su inserción en el universo teniendo en cuenta su potencial económico que proyecta hacia su propio bienestar y que sólo se conseguirá cuando se desarrolle en un campo propicio donde la salud es un elemento vital en cualquier actividad que realice durante su existencia. En la plenitud de sus condiciones físicas será más eficaz en su trabajo y ello le permitirá cubrir sus necesidades y orientarse hacia una mejor convivencia con sus semejantes.
El ser humano deberá ser consciente por llegar a poseer una base saludable en su accionar. La economía que procura su mayor bienestar debe proporcionarle los medios para poder conseguirla y mantenerla porque al ser el trabajo humano un factor relevante contribuirá a su mayor y mejor realización; asimismo, la propia persona debe procurarse esos medios para conformar un desarrollo más satisfactorio.
Esta economía trata del estudio de los procesos económicos y sociales vinculados a la producción y distribución de bienes y servicios destinados a la preservación y mejora de la salud de la población identificando alternativas económicas, sociales, de organización y administración. Abarca un campo temático muy amplio, comprendiendo las cuestiones microeconómicas referidas a las decisiones individuales de producción, distribución, consumo de bienes y servicios de salud, y los temas globales relativos al financiamiento de sistemas, y al nivel y conformación del gasto.
La evolución y distribución de bienes y servicios de la salud constituyen el mayor sector de la actividad económica en todo el mundo. A él se destinaba un 10% del producto bruto mundial, que en la actualidad se ha acrecentado. La dinámica económica del sector salud tiene un gran número de particularidades que la distancia de otras ramas de la producción, incluso dentro del área de los servicios. Así lo demuestra tanto la evolución de sus costos como la importancia cuantitativa que constituye dentro del gasto total: los médicos eran responsables del 70% de este gasto. Sin embargo, los ingresos de esos mismos profesionales que manejaban la actividad en una proporción creciente, se reducían año tras año.
Entender la economía de la salud, como disciplina que analiza la asignación de recursos en forma adecuada en el sector, se vuelve indispensable para los profesionales, en un contexto de reforma de los sistemas.
La especificidad y complejidad de los servicios para la salud y de sus organizaciones ha convertido la planificación y la gestión sanitarias en auténticas profesiones. La formación requerida es exigente y multidisciplinaria, incluyendo aspectos estrictamente sanitarios y epidemiológicos, el dominio de las habilidades y métodos de dirección de empresas, una base sólida de conceptos y herramientas de la economía y la capacidad para manejar algunas técnicas de tratamiento de información.
La disciplina ha pasado por diferentes etapas desde su aparición en la escena científica: a) una primera etapa muy sesgada al pensamiento médico, b) una segunda, con un marcado predominio del pensamiento económico, c) una tercera etapa, que toma como variables de interés las características epidemiológicas y socioeconómicas de la población, d) por último, se viene trabajando en una nueva corriente que da supremacía a los modelos de sistemas de salud.
La salud es algo intrínsicamente valorado, pero además de ese valor intrínseco, tiene un valor instrumental, es un medio para el crecimiento económico. A partir del momento en que se consideró al hombre desde el aspecto de un valor económico, se encontró un lenguaje común. En efecto, el hombre es una inversión: es el conjunto de gastos hechos para él desde su nacimiento hasta el momento en que es útil. Si muere antes, el capital se pierde. Si sucumbe antes del fin de su carrera, si queda inválido, enfermo o sin trabajo, ese capital no se amortiza completamente.
Se comprueba, por otra parte, que el ser humano produce y, por consiguiente rinde más, cuando mejor ha estimulados el desarrollo y la protección de sus condiciones físicas, intelectuales, profesionales y morales. La instrucción, la preservación de la salud, la higiene, los servicios sociales no representan rentas vitalicias sólo accesibles a las naciones avanzadas y a las empresas prósperas: son inversiones fructíferas en todo tiempo y lugar.
El valor económico del ser humano se acrecienta con la prolongación y el perfeccionamiento de la formación escolar y profesional, y con la extensión de los servicios de todo orden que lo protegen en todas las etapas de su vida. Gracias a esta instrucción y a estos servicios, por una parte, y gracias a los progresos de la técnica, por otra, el poder individual de producción se eleva y de este modo aumenta la renta de esa inversión en salud y capacidad. La organización científica reforma las empresas industriales y comerciales con vistas a disminuir las pérdidas y a aumentar el rendimiento. O sea, se racionaliza también, el mundo del hombre.
La higiene y la medicina logran cada vez más conservar la vida y preservar la salud. La calidad de la población, comienza a preocupar tanto como su cantidad. La asistencia, la previsión, y la legislación social evolucionan cada vez más. La responsabilidad general y el sentido de la solidaridad impulsa cada vez con mayor intensidad a cumplir los objetivos. Si asistimos a los ancianos y a los incurables no es sólo porque obedezcamos a consideraciones de interés y de productividad; estas conquistas de la ciencia y del espíritu social se unen a la corriente que, proveniente de la economía material, engloba al ser humano en su esfuerzo general de aprovechamiento. La economía humana nació de esta conjunción de fuerzas, aunque tardó en abrirse paso, aún siendo tan lógica y evidente.
La medicina, la higiene, la psicología, las ciencias sociales, permanecieron durante largo tiempo en un estado latente, pero hoy nos proporciona armas eficaces contra la mayoría de los males que afectan a la humanidad.
El hacinamiento, el hambre, pueden consumir la vida lentamente. Una catástrofe nos conmueve por la manera rápida como arrebata a sus víctimas. Pero que los niños de hogares más humildes lleguen a ser raquíticos o que el campesino y el obrero se desgasten rápidamente por el trabajo y la precariedad de su existencia, no parece responder al curso inevitable de los hechos más sensibles.
El sistema de salud, el conjunto de instituciones que cuidan la salud de los ciudadanos, reviste una importancia ascendente en los sistemas económicos. Este hecho se expresa en el creciente porcentaje del gasto público y privado en salud, en relación con el PBI. Es decir, al ritmo de crecimiento, el gasto en salud es común que aumente al compás del aumento del PBI. Por un lado, el gasto en salud se puede considerar como una inversión en capital humano, en la medida que contribuye al crecimiento económico y a garantizar un nivel de calidad de vida; pero por otra parte, aparecen dudas legítimas sobre la manera de sostener ese crecimiento a largo plazo. Todos los gobiernos, todos los países, están en proceso de reformular los sistemas de salud en respuesta a esa necesidad de mejorar aspectos de eficiencia, calidad, cobertura y equidad. Sin embargo en ciertos países no se le da tanta importancia a la salud, ni a la educación y esto debe ser motivo de especial preocupación de sus gobiernos.
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