Las religiones en cualquier civilización siempre han tenido que ver con la economía, alentando o combatiéndola, pero no se han desentendido de ella. Respecto de la obtención de los bienes, son conocidas las apreciaciones de la Iglesia de que no es cuestión de acumular riqueza por cualquier medio. Las riquezas, deben ser consecuencia del cumplimiento de la ética establecida como norma de conducta en esta vida y entonces así se puede considerar su resultado como una señal posible de salvación. Es decir un doble premio: bienestar y prosperidad en esta vida y salvación eterna en el cielo siempre que los bienes adquiridos se compartan con generosidad, con verdadero amor al prójimo.
Se mantienen muy firmes los preceptos éticos que condicionan la conducta y que son entre otros: ... el respeto al semejante, ... la honestidad y decencia en el proceder, ... el cumplimiento de las obligaciones contraídas, ... el respeto a la autoridad establecida y a las leyes, pero por sobre todo: la buena fe, la justicia y la dedicación al trabajo.
Con la gracia de Dios manifestada en el éxito, el bienestar, y los bienes obtenidos, el beneficiado lo ostenta satisfecho; y así como en los deportes, los trofeos o las copas representan el mérito del esfuerzo y simboliza el triunfo, los bienes terrenales conseguidos por estos medios son su equivalente en el plano religioso.
Cuando no asomamos al Microcosmos, a la Naturaleza, al Universo, nos sorprende y nos llenan de admiración las formas mínimas de vida, sus estructuras, sus interrelaciones, las energías en acción en la naturaleza y el planeta, la grandiosidad del espacio, la exacta regulación del régimen planetario, la evolución y el crecimiento inteligente y exacto de todo cuanto nos rodea. Nos sorprende el poder del principio Creador, la fuente de donde todo se origina, la fuerza que ordena y sostiene, y nuestro primer impulso es de humildad y adoración, luego surge la gratitud por ser capaces de entender y luego pretendemos avanzar hacia un mayor entendimiento. Pero a mayor entendimiento, a mayor y mejor percepción, más adoración y humildad. A través de la razón, llegamos a la certeza de que existe un principio creador, y esto es lo único que define productivamente al ser humano en los más distintos aspectos.
¿Qué tiene en común la religión, con el crecimiento económico? Ella forma parte del comportamiento humano, y se puede analizar empleando métodos económicos. La aplicación del razonamiento económico a aspectos del comportamiento humano, que hasta ahora se habían considerado fuera del ámbito de la economía, es un enfoque del que Gary Becker (premio Nobel de Economía) fue pionero. Sus incursiones en el territorio de otras disciplinas, principalmente en la sociología, le condujeron a analizar cuestiones tales como el matrimonio y la religión de una manera completamente novedosa y «economicista». Becker afirma que las acciones, tiene motivaciones y consecuencias económicas, y se pueden analizar mediante un razonamiento económico. Explica de qué manera se pueden utilizar las herramientas habituales de la economía para comprender una amplia gama de actividades humanas y, al hacerlo, trata de la mayoría de las cuestiones que en la actualidad se debaten en los países.
El Papa Juan Pablo II en su Encíclica Sollicitudo Rei Socialis expresa lo siguiente: "En el plano internacional la desigualdad de los recursos y de los medios económicos es tal que crea entre las naciones un verdadero abismo. Por un lado están los que poseen y desarrollan los medios de crecimiento y por el otro se acumulan deudas. El actual catecismo de la Iglesia Católica (Conferencia Episcopal Argentina Ed. Edidea, Madrid, 1993) en la página 559, números 2240, 2265 explica lo siguiente: la sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente al pago de los impuestos , el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país: "Dad a cada cual lo que se le debe, al que impuestos, impuestos, a quien tributo, tributo, a quien respeto, respeto, a quien honor, honor". San Pablo, ( epístola a los Romanos, capítulo 13, versículo 7)
Todo el sistema bancario de Europa tiene sus cimientos en las actividades de las extensas familias de comerciantes y en las órdenes religiosas desde el siglo XI hasta el XIII. Uno de los maravillosos fenómenos del desarrollo económico hoy día es la extensión de esas redes de confianza, basadas en el contacto personal o virtual y en prestigios muy sólidos entre extraños. El economista F. A. Hayek describió este sistema de confianza entre extraños como “La Gran Sociedad”. Describe que el núcleo de confianza creado entre las órdenes religiosas y las familias de comerciantes se extendió hasta un vasto sistema financiero entre extraños. Y es que la confianza es la base de la reciprocidad. La capacidad o disposición a confiar es intrínseca a nuestra naturaleza humana y a nuestra supervivencia. De hecho, la confianza es algo muy profundo de nuestra condición humana. Así, la capacidad de controlarse es parte integradora de merecer confianza. Porque las interacciones mercantiles, las relaciones legales y las actividades políticas presentan la oportunidad de aprovecharse de otras personas. Tanto la disposición a confiar como la capacidad de controlarse surgen, en algún sentido, de los lazos de las personas con los demás.
Por su parte, la religión contribuye a la capacidad de esa confianza de una persona al apoyar a la familia en su labor de crear y formar a ciudadanos conscientes y en ofrecer una motivación convincente para que se cumplan los Diez Mandamientos. Resulta obvio indicar que muchos de los Diez Mandamientos producen resultados sociales muy útiles. Una sociedad en que no sea común mentir y robar tendrá un potencial económico muy superior a otra sociedad en que todos hagan aquello que consideren que puedan hacer. La mayoría de las sociedades han descubierto que las cosas funcionarán mejor si se alcanza una obediencia general a aquellas normas, y no al revés.
Nadie olvidará las opiniones y enseñanzas de la Iglesia impartidas por intermedio de las encíclicas papales con vinculación directa a la Economía, que han servido para precisar, aclarar y ampliar conceptos sobre temas fundamentales que en cada tiempo fueron muy discutidos.
1 comentario:
Un profesor con tolas las letras!!!
Excelente.
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