jueves, 14 de abril de 2016

La Economía Feminista



Alejado un poco de la concepción académica de la economía dentro de sus niveles ortodoxos, nos dedicaremos a algunos conceptos y denominaciones que, aunque inusuales, no dejan de tener un espacio para su comentario.
En varias Jornadas sobre temas de economía, se consideraron aspectos relacionados con una economía que denominan “Economia Feminista”. El caso nos llevó a investigar de qué se trata y cuál sería su sentido y valorización. Conforme a lo surgido en la mayoría de las reuniones y jornadas que han tratado el punto, y señalar cómo por “Economía Feminista” debe entenderse

Se parte de la base que el problema de la desigualdad es una preocupación relevante para visiones críticas y heterodoxas de la economía que contrastan con la mirada ortodoxa, concentrada centralmente en explicar el funcionamiento de los mercados, y con ello, la perfecta asignación de recursos económicos para una producción óptima
La economía feminista se ubica dentro del conjunto de las apreciaciones alternativas y hace una contribución al explicar las raíces económicas de la desigualdad de género. Uno de los aspectos centrales de esta mirada refiere a la manera en que las sociedades resuelven la reproducción diaria de las personas y al rol que esto juega en el funcionamiento económico y en los determinantes de la desigualdad. Utiliza para esto el concepto de «economía del cuidado».

Este tipo de economía puede ser definida como otra forma de ver y entender la economía y la sociedad, basada en la idea de la existencia de una economía que solo tiene en cuenta al mercado y no atiende a todo lo que hay por debajo, que es lo que lo sostiene, es decir, la economía de los ciudadanos. Esta tendencia económica feminista pretende ir hacia una economía que tenga como eje central la vida de las personas.

Dentro de otra explicación: la economía feminista es una corriente de pensamiento heterodoxo preocupada por visibilizar las dimensiones de género de la dinámica económica y sus implicancias para la vida de las mujeres. Su noción de «economía del cuidado» ha contribuido a actualizar el debate feminista sobre las formas de organización de la reproducción social y a reconocer el impacto de estas en la reproducción de la desigualdad. Esto recoge un aporte conceptual, explica el rol del cuidado en el funcionamiento del sistema económico y particulariza la injusticia de la actual forma de organización social del cuidado y los desafíos que impone a las políticas públicas, en el marco de sociedades que aspiran a mayor igualdad.

Una de las variables de ajuste para que la sociedad capitalista pueda seguir reproduciéndose a sí misma es el tiempo y la calidad de vida de las mujeres, sobre las que recae el mayor peso en el hogar del cuidado (no remunerado) de las personas. Es la clave de la “economía del cuidado” que se busca manifestar. Cuidarse una misma y a otras personas del hogar no es una tarea mínima: alimentar, gestar, criar, limpiar, cocinar, hacer las compras, realizar los controles médicos tanto en la salud como en la enfermedad, ocuparse de los más pequeños, pero también de los mayores y también asistir a quienes tienen alguna discapacidad. Estas y otras tantas acciones llevan a cabo mayormente las mujeres, además de trabajar fuera del hogar en muchos casos. Pero estas labores domésticas son las que suelen quedar ignoradas.
Justamente, de lo que se ocupa la economía del cuidado es de la cuestión del trabajo doméstico, “de cómo la sociedad organiza el cuidado y la reproducción cotidiana de las personas, y la implicancia que eso tiene para la vida de las mujeres y para la equidad de género”, introduce la economista feminista Corina Rodríguez Enríquez, investigadora del Conicet y del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas.
Podemos resumir algunos postulados metodológicos que ayudan a entender la manera cómo una mayoría de economistas –desde el feminismo– suelen abordar los temas económicos. Estableciendo estos postulados diremos que el primero supone que el trabajo de “reproducción” es una parte vital en cualquier sistema económico “y debe incorporarse al análisis desde el principio”. Frente a una visión neoclásica que presenta individuos aislados intentando maximizar su utilidad (el “homo economicus” sobre el que tanta literatura existe y que tan bien expone la crítica desde el género), la economía feminista considera a los actores humanos interdependientes e interconectados en el centro del interés analítico.
 En el segundo, el éxito económico se mide por el bienestar de las personas, el cual tiene que ver más con las capacidades individuales y lo que Amartya Sen (premio Nobel de Economía 1998) identificó como “heterogeneidad de necesidades humanas” que con la distribución de la renta y la riqueza.
El tercero trata de las cuestiones de poder y su acceso desigual al mismo, ya que del poder depende que un determinado hecho económico entre en la agenda política, así como su valoración y sus resultados.
En su cuarto postulado, la economía feminista reivindica los juicios éticos como válidos, consustanciales y deseables en cualquier análisis económico, frente a la economía neoclásica supuestamente neutral que niega los juicios de valor a sus teorías y modelos. Y finalmente, se incorpora al análisis la clase social, la etnia y otros factores que dan mayor valor explicativo al permitir analizar la importante participación de la  mujer.


Fuente: ONU Mujeres: “La economía feminista desde América Latina” – Duhangon, Elsa: “Economía feminista y nuevo paradigma de desarrollo” – Corina R. Enriquez: “Economia feminista y economía del cuidado” Rev. Nueva Sociedad No. 256 (2015). SEN. Amartya: “Development as freedom”- Oxford Univ. Press..  - Robinson, Joan: “La economis feminista, génesis y aproximación conceptual

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