A medida que avanza el presente
milenio, los países del Caribe se
encuentran en un mundo muy diferente al que existía hace varias décadas
atrás. El mundo se ha modificado considerablemente, en el
sentido de que las fronteras nacionales son ahora más flexibles y las comunicaciones,
los capitales e incluso las personas se movilizan a través de éstas con mayor
facilidad y rapidez que en el pasado.
El Caribe como región presenta diversas particularidades, las que
han permitido realizar diferentes características del mismo, sin embargo es
común destacar que las economías de estos países presentan situaciones
similares como son: ser economías
pequeñas, abiertas y heterogéneas; tener una estructura económica productiva
monosectorial con muy poca diversificación; insuficiente capacidad de ahorro
interno; lento crecimiento económico y no sustentabilidad; alta dependencia
monetaria y financiera de países; elevados costos unitarios en muchos sectores
y alto desempleo; entre las más importantes. En realidad, son islas que
conforman uno de los lugares de mayor
afluencia turística del planeta. El Caribe se diferencia del resto de Centro América, pues los países caribeños separan el
concepto Centro América del Caribe, dado que la zona caribeña está aparte del continente americano.
Las condiciones de las economías de
estos países determinan objetivamente que para lograr capacidad de
negociación internacional y avances en el desarrollo económico y social se
necesita la integración de sus países.
Las organizaciones integracionistas del área como la Asociación de Estados del Caribe (AEC), la Comunidad del Caribe
(CARICOM) y la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA),
han mostrado un relativo beneficio para las economías de estas naciones. Para estos países la
integración caribeña constituye una alternativa de desarrollo independiente, que
se lleva a cabo a partir de nuevas bases con un carácter multidimensional y
tiene como objetivo fundamental adoptar
estrategias para garantizar mejores niveles de desarrollo económico.
En términos generales, la
totalidad de las economías del Caribe son pequeñas
y enfrentan limitaciones en su estructura económica que pudieran estar
explicando sus dificultades para obtener ventajas de la globalización y el acceso al desarrollo. Las perspectivas de la región del Caribe, en cuanto a las
relaciones comerciales, están muy vinculadas a las posibilidades que tienen los
procesos de integración, teniendo en cuenta los resultados que se han
alcanzado; no obstante es necesario tener presente que la globalización
presente condiciona todas estas decisiones y como proceso objetivo del desarrollo
hay que tenerla presente para adoptar cualquier programa encaminado a profundizar los procesos de integración en el Caribe.
Países del Caribe: Aruba, Bahamas, Barbados, Cuba, Dominica, Granada, Guadalupe. Haití, Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, Jamaica, Puerto Rico, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Trinidad y Tobago, Islas Vírgenes, Martinica,
Antigua y Barbuda, República Dominicana.
Las actividades económicas de la región Caribe están relacionadas
con sus características físicas y climáticas. Veamos algunas de ellas: Turismo:
Esta región es de gran atractivo turístico debido a su variedad de paisajes,
playas, asi como por su diversidad cultural, de fiestas y los parques naturales
como el Tairona y otros parajes
naturales como el cabo de la vela. Industria:
La cercanía de la región al mar ha facilitado el desarrollo de variadas
actividades industriales, especialmente Barranquillas,
Cartagena y Santa María. Minería: en la
Guajira están ubicadas las minas de carbón de El Cerrejón que es la más grande del mundo
y las salinas de Manaure. Agricultura:
Grandes extensiones del territorio son dedicadas a la agricultura. Los
principales productos son: banano, algodón y maíz. Ganadería y pesca:
Se destaca la crianza de ganado vacuno en los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolivar, César y Magdalena
y de cabras en la Guajira. La pesca
se explota en lugares cercanos al mar y a las fuentes fluviales.
La apertura comercial del Caribe se ha traducido en un renovado esfuerzo por profundizar los lazos
existentes en todos los niveles tanto en el marco de los esquemas
multilaterales como en los regionales y en el ámbito bilateral. Estos esfuerzos
se han consolidado con la firma de acuerdos comerciales entre los países y
entre organizaciones integracionistas.
Al estrecharse las relaciones se
han puesto en evidencia brechas que
saldar y se ha demostrado la necesidad de que la apertura formal se acompañe de esfuerzos que tiendan a facilitar los
negocios, medidas dirigidas a la reducción de los altos costos de transacción,
mejorar la programación logística y costos del transporte, facilitar el
conocimiento sobre los procesos aduaneros y su agilización, atender las
dificultades de participación de empresas pequeñas, así como saldar la ausencia
de información y conocimiento de los mercados y el empresariado
Existen también otras realidades,
por un lado la persistencia del sesgo antiexportador en estas economías.
Además, las condiciones en el país de origen y las facilidades para el
movimiento de mercancías y del transporte, entre otras, favoreciendo las
actividades de importación sobre las exportadoras, lo cual es
conjugado con la alta propensión a importar de estas economías. Por
otra parte, los exportadores del Caribe tienen más dificultades para enviar sus
productos hacia otros países en desarrollo que hacia los mercados
desarrollados.
En las condiciones actuales,
para desarrollar procesos de integración en el área del Caribe, resulta
favorable adoptar acciones y estrategias
que estimulen el desarrollo económico de los países de la región; sobre la
base de las oportunidades, amenazas, fortalezas y debilidades que presentan
dichas economías para poder establecer sus relaciones comerciales con los demás
países.
Fuente: Girvan, Norman : “Reinterpretar al Caribe”. University of the West Indies . De Revista
Mexicana del Caribe, Nu. 7, 2000.
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