sábado, 7 de enero de 2012

La denominada "TASA TOBIN"

Con la actual crisis ha recobrado protagonismo la conocida como Tasa Tobin. Con el fin de proporcionar mayor autonomía a las autoridades monetarias, James Tobin propuso en 1972 un impuesto a las transacciones cambiarias, posteriormente denominada “Tasa Tobin”. Este impuesto reduciría la volatilidad de los mercados financieros internacionales al aumentar los costos de transacción de dichas operaciones. De este modo, afectaría principalmente a las operaciones a corto plazo, mientras que el comercio internacional y la inversión a largo plazo soportarían el impuesto en mucha menor medida.

Una de las consecuencias de la actual crisis financiera ha sido la demanda desde diversos foros de una mayor regulación en los mercados. La tasa Tobin consiste en la imposición de un impuesto a cada una de las transacciones financieras que atraviesan las fronteras nacionales. La tasa impositiva es de solo 0.1%-0.25%, o sea entre 10 y 25 centavos por cada 100 dólares en cada transacción; esta tasa se dirige al desestímulo del flujo de capitales a muy corto plazo (días o semanas), pues estos obtienen un % de ganancia muy reducido y el impuesto Tobin prácticamente lo haría desaparecer. Consiste, por lo tanto, en pagar un impuesto cada vez que se produce una operación de cambio entre divisas. Como regla general, la tasa Tobin debe ser baja, para penalizar solamente las operaciones especulativas a corto plazo entre monedas, y no a las inversiones.

Es decir, en un principio, la Tasa Tobin se aplicaba únicamente para regular y controlar el flujo de capitales especulativos, sin desmerecer cualquier inversión que se quisiera realizar, lo cual, hace parecer buena la idea de implementarla en Europa. En este sentido, se anunciaba por parte del presidente de la Comisión Europea, el proyecto de impuesto sobre las operaciones financieras, que gravará las transacciones con una tasa del 0,1% y 0,01% para los derivados. De esta manera, la Tasa Tobin estaría recaudando unos 55.000 millones de euros al año.

Son varias las personas o entidades que están implicadas en estas operaciones especulativas, hasta el punto de realizar varias operaciones en el día. Al tener que pagar la tasa Tobin por cada una de las operaciones realizadas, los intermediarios pensarán mucho antes de llevar a cabo esos movimientos cortos, principalmente por el hecho de que sería complicado obtener algún tipo de ganancia. Si el movimiento es a un año, la operación no se vería afectada por ningún tipo de imposición, no estaríamos ante algo próximo al riesgo.

Uno de los problemas, al no verse adaptadas estas medidas por todos los países, vendría por el lado de los intermediarios financieros, que se encargarían de buscar las alternativas del sistema y los lugares exentos a este control, para realizar rápidos y cortos movimientos de capital, con los cuales obtener un beneficio. No sólo hay este artificio, también nos encontraríamos con la dificultad de definir qué tipo de capital se podría considerar productivo o entraría dentro de lo que se consideraría como especulativo (pese a que definamos a ésta como el ejercicio de cualquier tipo de actividad económica cuyo objeto es solo la obtención de ganancias, sin mediar el aporte de algún producto o servicio que incremente la riqueza de la sociedad).
Transformar unos en otros sería fácil para los inversores, con lo que eludirían la regla base de la tasa Tobin. Y además, dado que muchos países pobres tienen sus monedas ligadas al dólar, cuando entrase en juego el cambio del capital al euro para convertirlo al dólar y a la moneda del país en cuestión, éstas operaciones se verían sometidas a un doble gravamen.
La iniciativa para crear un impuesto a las transacciones financieras internacionales ha sumado apoyos, pero aún no cuenta con el de algunas de las grandes potencias, como se pudo constatar al final de la cumbre del G20. realizada en Cannes recientemente.

El proyecto, presentado en esta ocasión por la presidencia de turno francesa y que pretendió incorporar en la Cumbre, aún se observa con recelo por países como Estados Unidos, que no figura en la lista de quienes les dan su amparo. El presidente francés, señaló que "algunos países están decididos" y dijo que apoyan a Francia en esa iniciativa la Comisión Europea, Alemania, España, Argentina, la Unión Africana, Etiopía, Sudáfrica, Brasil y las Naciones Unidas."Han mostrado su interés y están de acuerdo en el principio de esa tasa", aseguró, agregando: "para cumplir con los desafíos del desarrollo tenemos que contar con instrumentos financieros innovadores", entre los que dijo que está ese nuevo impuesto.

Mostró su confianza en que se pueda comenzar a aplicar ese tipo de impuesto ya en 2012, a pesar que reconoció que "hay muchos detalles por precisar", entre los que mencionó uno no menor, es decir, cuál será el empleo final de los recursos obtenidos con ese impuesto. La Comisión Europea ha encargado la instrumentación de una tasa Tobin al FMI. Es un primer paso... No se ha definido ni el momento en que entrará en vigor, ni a qué operaciones afectará, ni cuál será su cuantía, ni si tendrá el carácter universal que requiere para evitar la fuga de capitales a las partes del mundo que no la apliquen, en una especie de competencia desleal (como la que proporcionan, en otro terreno de juego, los paraísos fiscales). Se trata de evitar una zona Tobin, que fuera boicoteada por los capitales, siempre renuentes a pagar impuestos. Por ejemplo, Estados Unidos se opuso a la creación de una tasa Tobin en el G-20, celebrado en Pittsburgh.

No hay comentarios: