El rating es una calificación para un país, elaborada por empresas especializadas para valorar a los emisores de deuda según su solidez financiera, su capacidad de pago a diferentes plazos de tiempo (largo y corto), y su vulnerabilidad ante teóricos cambios del entorno exterior. La AAA es la máxima calificación crediticia que se puede recibir en el largo plazo de un país. Significa que la deuda que posee se considera que goza de una calidad extrema puesto que tiene una mínima sensibilidad a un entorno adverso. Una posición por debajo, se encuentra en la AA+, para productos de calidad superior con una escasa sensibilidad a un entorno adverso. En otros términos: significaría que no se establecen garantías suficientes, por lo que pasa a obtener una perspectiva negativa.
Si bien es verdad que el papel de las agencias de rating es el de medir el riesgo de crédito de los emisores, no es menos cierto que el mercado sitúa a cada uno en su lugar. Por ejemplo, en el caso de algunos países, la preocupación por el rápido crecimiento de la deuda pública y la incógnita respecto de dónde saldrá el dinero para pagarla, son cuestiones que indudablemente despiertan recelos. Debe destacarse que si en un supuesto país el Tesoro planea aumentar en un alto porcentaje las emisiones de deuda pública, con el propósito de financiar las medidas propuestas por el Gobierno para atemperar los efectos de la crisis; lo inevitable es que la deuda -que puede alcanzar más del 50% del PBI - tiene que devolverse y genera intereses que también hay que pagar. ¿De dónde se obtendrá el dinero para pagar la deuda?”, será la pregunta, y agregando al caso en que el mismo FMI pudo haber previsto que la recuperación tardará en llegar por lo menos dos años y sus previsiones son de unas caídas del Producto Bruto Interior.
Evidentemente, menor crecimiento significa una menor recaudación presupuestaria así como un mayor gasto en forma de prestaciones por desempleo. Tal situación en el país que indicamos, deberá analizarse detenidamente. El descenso de rating nunca es una buena noticia para un país, porque significa que va a tener que pagar más a los inversores para convencerlos de comprar su deuda. Si los spreads son un indicador de lo que piensan los inversores sobre un país, la evolución de éstos constituye un síntoma de que no se puede ir por buen camino, llegado el caso.
Dos aspectos podrían atemperar el alcance real de la medida en términos comparativos. Por un lado, la presente crisis económico-financiera que pone de manifiesto la necesidad de revisar los fundamentos del sistema con un mayor peso en la responsabilidad y la justicia social y - entre otros muchos aspectos -, será necesario el establecimiento de un marco más riguroso de medición del riesgo, que supere los defectos naturales de las actuales agencias de rating”. Por el otro, existen diferencias en las valoraciones inter-agencias a la vez que existen diferencias inter-países, en el plano intra-agencia, no rigurosamente justificadas.
Pero, no obstante, no hay aspectos que eximan de la necesidad de la toma de conciencia y la muestra de un nuevo indicio sobre el futuro a corto y medio plazo de la economía del país de que se trate, lo que debe servir para la elaboración y puesta en práctica de una política económica enérgica, rigurosa, diligente, eficaz y enfocada que compatibilice el corto con el medio y el largo plazo, por medio de la combinación de políticas coordinadas en los planos nacional e internacional.
El anterior comentario se basa en la reciente calificación de Standard & Poor!s para varios e importantes países europeos.
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