lunes, 12 de diciembre de 2011

Los resultados de la reciente Cumbre de Bruselas (I)

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea reunidos recientemente en Bruselas, aprobaron un pacto - a excepción del Reino Unido - para elaborar un nuevo tratado que consolide la disciplina presupuestaria, acordando reglas más estrictas de presupuesto para la zona euro. Este acuerdo, unido a los datos mejores de lo previsto sobre la confianza de los consumidores en EE.UU., propició que todos los sectores de Wall Street cerraran en terreno positivo.

Fueron 23 los países con votos favorables al nuevo pacto: los 17 de la Eurozona, que tiene al euro como moneda única, más otros socios de la Unión Europea (UE) que están fuera del euro. Unirse a los 23 habría significado para el Reino Unido ceder a una reforma del Tratado de Maastricht que avalaría impuestos a las transacciones financieras, lo que supondría la salida de capitales de Londres para buscar otros mercados más atractivos. El Reino Unido quedaba solo ante un pacto de países que aceptaron perder soberanía para implementar políticas presupuestarias homólogas y atenerse a un techo de endeudamiento de 3 % del PBI.

De esta conformidad, más países de Europa están dispuestos a unirse a los 17 miembros de la zona euro en la redacción de un nuevo tratado intergubernamental para una unión fiscal más profunda que apunte a enfrentar la crisis de deuda soberana.

El mes de marzo de 2012 será la fecha donde se espera la firma de una nueva constitución intergubernamental para lograr mayor integración europea. Según especialistas, por influencia de Alemania y Francia – particularmente el gobierno alemán - van a construir una reglamentación “sólo para una parte de la Unión Europea que va a cobrar sus consecuencias en los tratados internacionales” - y dan como ejemplo: que podrían imponerse gravámenes a las transacciones financieras con los países que integran el pacto.

En procura de conocer las razones por las cuales Gran Bretaña se encontrará excluida, las expresiones del primer ministro británico, resultaron concluyentes al asegurar tras el encuentro, que las condiciones del nuevo tratado eran "inaceptables" para el Reino Unido, al no haberse aceptado salvaguardas para el sistema financiero británico. Fue terminante al asegurar que las condiciones eran "inaceptables" para su país, que quería salvaguardas para evitar que las normas europeas afecten al trabajo de la city londinense, el principal centro financiero mundial.
A su vez, el ministro de Exteriores inglés, manifestaba que el Reino Unido no está en la zona euro, y no se encontraban dispuestos a “ceder más soberanía en esta materia ni en ninguna otra, no vamos a transferir más poder del Reino Unido a la Unión Europea y, en ese sentido, nos mantenemos al margen". Conforme a esta decisión, solo Gran Bretaña, quedaría totalmente excluida. "Si no podemos obtener salvaguardas, es mejor quedarse afuera", justificó el primer ministro británico, que consideró la "decisión difícil, pero buena". Por su parte, también aseguraba que “el Reino Unido no había quedado "fuera de ningún club" europeo al negarse a respaldar un tratado de reforma fiscal”.

Para el punto de vista alemán, la representante alemana, señalaba sentirse "muy contenta del apoyo que el Banco Central Europeo (BCE) dará al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF), porque lo hará más eficiente". "Veinte años después de Maastricht hacemos un nuevo Tratado que eliminará las debilidades del sistema y se convertirá en el Tratado para la estabilidad del euro", agregó al término de la cumbre UE.

Es indudable que quien se destacó en la reunión cumbre - que se presentaba con contornos dramáticos y pesimistas - ha sido la representante de Alemania, logrando imponer los criterios germanos de control de los balances y los déficits fiscales a los demás miembros.
En principio, Londres había recibido el apoyo de Hungría y, parcialmente de Suecia y la República Checa, no suscribieron el acuerdo con el argumento de que tenían que "realizar consultas" con sus parlamentos. Pero los tres países dijeron más tarde que en principio iban a adherir al pacto, que entrará en vigor en marzo.
Los europeos descartaron, la participación del sector privado en las reestructuraciones de deudas, como se exigió en el caso griego, debido a los efectos negativos que la medida tuvo en los mercados.
El pacto fiscal tendrá que desarrollarse a través de acuerdos intergubernamentales al margen de los tratados de la UE. Con esta estructura, la mayoría de los países de la Unión darán lugar a la propuesta de conformar una Europa de dos velocidades. La primera velocidad está integrada por los países que manejan el euro como moneda común y buscarán conformar instituciones federales que controlen una política financiera común. La segunda velocidad está integrada principalmente por las naciones de Europa del Este con un menor nivel de desarrollo económico que aspiran a adoptar el euro, pero conservan autonomía en su política monetaria y protegen la regulación de su sistema financiero, así lo explicaba un director de la División de Economía de la Universidad Panamericana.
(continuará)

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