Los desequilibrios comerciales en la Eurozona siguen creciendo y la crisis económica amenaza con poner en evidencia las disparidades internas entre los países vulnerables, Italia, España, Portugal y Grecia, frente a los más fuertes. La crisis económica europea y las medidas de austeridad aplicadas para enfrentar la fuerte crisis de deuda que amenaza la existencia misma del euro, es un tema que constituye un cambio en las modalidades de las familias y en el control de sus gastos.
Los problemas de los primeros no sólo se deben a fallas de sus políticas internas, sino también a las estrategias económicas de los Estados más poderosos de la zona euro. Estas diferencias empiezan a manifestarse en las crecientes desigualdades, por ejemplo, entre los bonos del Estado alemán y los de países más débiles.
Durante la última década, los países del grupo conocido como PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) se desempeñaron como los principales consumidores de la Eurozona, al gastar una cifra superior a sus ingresos y mantener un déficit de cuenta corriente cada vez mayor. Entretanto, los del núcleo de la Eurozona (Alemania, los Países Bajos, Austria y Francia) se desenvolvieron como principales productores, con gastos inferiores a los ingresos y con superávits de cuenta corriente cada vez mayor.
A medida que se acentúan los costos del ajuste a la enorme pérdida de riqueza que se ha producido en algunos países (incluida España), se escucharán más y más voces denunciando al euro y reclamando por la posibilidad de recuperar la autonomía monetaria y poder devaluar. Tanto se alega en el sentido que se ha perdido competitividad como también se afirmará, (ya se conoce en algunos círculos) que la única forma de recuperarla sin costos excesivos internos es la salida del euro. Recordemos que N. Roubini declaró en importante evento internacional “En un tiempo, no en un año o en dos, podríamos ver la rotura de la unión monetaria europea.”
Ante la complicada situación económica de algunos países europeos como Grecia, Irlanda, incluso Italia y España, existen economistas que proponen que Alemania abandone la zona euro. Con esta medida, la moneda se devaluaría y los países con balanzas comerciales negativas tendrían más ventajas en las exportaciones.
Normalmente, cuando esta opción se discute en círculos entendidos, es rechazada automáticamente como algo imposible. Antes de llegar a esa conclusión, entendemos que es útil considerar muy brevemente los costos y beneficios de la retirada. A partir del Tratado de Lisboa existe oficialmente una forma para abandonar la Unión Europea. El Estado miembro que decida retirarse notificará su intención al Consejo Europeo.
A la luz de las orientaciones del Consejo Europeo, la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión. O sea: a) los países pueden acordar la salida de un país que así lo desee; y (b) si no lo negocian, el Tratado reconoce el derecho de un país a retirarse unilateralmente, con tal que hayan pasado dos años desde que realizó la solicitud. Es importante y positivo que el Tratado reconozca, por primera vez, que un Estado pueda preferir no seguir en la Unión.
De acuerdo con el estudio del Gabinete Jurídico del Banco Central Europeo, es posible retirarse de la Unión monetaria si un país se retira de la Unión Europea (UE). La cuestión de si la retirada unilateral del euro es posible es más complicada, pero parece seguirse del hecho, de que exista el derecho a una retirada unilateral de la UE.
Sin lugar a dudas habrá varios problemas que tener en cuenta vista la falta de experiencia al respecto. Una salida del Euro sería motivo, probablemente, de la salida de la Unión Europea, con posible pérdida de acceso al mercado único; sería de costosa y lenta implementación (quizás dos años) y en el período transitorio llevaría dificultades mayores. Y tendría pequeños beneficios económicos más allá de la nueva flexibilidad lograda, ya que los salarios reales aumentarían inmediatamente, los tipos de interés también, y habría problemas enormes por la redenominación de todas las deudas y activos internacionales (que podrían no ser reconocidos internacionalmente).
Está por desarrollarse en pocos días una cumbre decisiva para el futuro del euro en Bruselas, el fin de la moneda única dejó de ser algo inimaginable. Y esto, hasta promueve a que bancos, inversores, gobiernos y economistas estudien ya los posibles escenarios de la vida después del euro en Europa. Cada día los diarios europeos informan acerca de grandes empresas que se preparan para una posible ruptura de la moneda única, es decir, para la salida de uno o más países del bloque, pero también para su fin.
Aunque varias organizaciones y estudiosos indican que la salida de un país del euro es teóricamente posible, esto no significa que el retorno de cada nación a su moneda, no sea dolorosa. Primero, porque los tratados europeos no prevén la salida de un país sólo de la Unión Monetaria, sino de la Unión Europea (UE) en su conjunto, y esto implicaría tiempos largos, donde los inversores podrían querer cambiar sus capitales.
Tampoco quedaría claro qué pasaría con las deudas soberanas de los países si regresaran a sus antiguas monedas: cuando se introdujo la moneda única, las deudas públicas fueron convertidas en euros. En muchos casos fueron aseguradas por contratos que no habilitarían una modificación al respecto. Además, la historia enseña que el fin de una moneda siempre provoca consecuencias sociales enormes.
También habrá que considerar la redenominación de todos los contratos en euros - en particular, ¿serán reconocidas las obligaciones internacionales como debidas en la nueva moneda? Además, está la transición del uso por los ciudadanos ¿usarán los ciudadanos la nueva moneda, o seguirán haciendo sus transacciones en euros? Claramente, la nueva moneda debería, como argumenta Credit Suisse en una nota del 4 de Febrero del 2010, venir acompañada de estrictos controles de capital para evitar la salida de capitales hacia el euro.
La zona euro va a tener que hacer frente a su primera prueba seria debido a la crisis económica. A pesar que la moneda única ofrecería una seguridad contra los malos tiempos, la estabilidad en la Eurozona no se puede tomar como algo inamovible.
Los operadores se encuentran a la expectativa de lo que pueda surgir de la importante Cumbre Europea que se inicia el 7 de diciembre y que culminará el día 10, y de la que deberán salir "decisiones importantes e imprescindibles para la Eurozona", según expresara la canciller de Alemania.
La canciller y el presidente de Francia, anunciaron que llevarán a la reunión una propuesta conjunta para reforzar el tope del déficit presupuestario en todos los países de la Unión Europea (UE) y sancionar automáticamente a quienes lo incumplan.
Actualmente, éstos son los 27 Estados que hacen parte de la Unión Europea: Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Dinamarca, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República checa, Rumania, Suecia. De estos, 17 integran la zona de uso del euro (unión monetaria).
Las seis naciones de la eurozona que gozan de la máxima calificación de "AAA", son: Alemania, Francia, Holanda, Austria, Finlandia y Luxemburgo.
Fuente: Credit Suisse
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