El componente ideológico del proceso de globalización que se está desarrollando hoy, es fundamental en la estrategia de legitimar a los actores trasnacionales en la lógica de conquista de nuevos mercados. El pensamiento único de la globalización y del neo-liberalismo se basa en la coordinación de diferentes formas de poder - el político, el administrativo, el patronal, el de los intelectuales y el de los medios de comunicación - que se movilizan todos en torno al mercado global y al rigor social. El credo de la competitividad preconiza actitudes muy significativas.
La globalización en curso no designa solamente el grado de apertura de las economías sino un modo de regulación donde lo internacional predomina sobre lo nacional y a menudo lo suprime. Las normas de funcionamiento de las empresas se imponen por encima de las de los Estados y en general, el sector privado impone sus prioridades al sector público. Se trata de un fenómeno general que tiene repercusiones económicas, políticas, estratégicas, sociales y culturales.
Las fuentes del poder mundial son diversas, imprecisas, a veces en manos de los Estados y cada vez más en manos de un conjunto de actores privados. La historia, las teorías políticas y la evolución reciente del mundo muestran que los actores públicos y privados viven en simbiosis más que en oposición. Las transformaciones de los Estados, de las sociedades y del capitalismo no obedecen a oposiciones estables sino a dinámicas conjuntas, a compromisos en perpetua renegociación. Todo esto pone en discusión el problema del poder y su relación con la economía mundial, partiendo a grandes rasgos de los distintos modos de regulación que se han dado en la historia. El tema debería volcarse sobre los nuevos actores del poder en la economía contemporánea, proponiendo la existencia de actores de primer orden.
El poder político, el definir las reglas del juego de la globalización, no pertenece solamente a los Estados. Desde los lejanos tiempos, los mercaderes, los gobiernos, y los financistas se asocian y se enfrentan para ejercer su influencia. Hoy día, los análisis y las teorías nos indican que el poder es difuso y repartido entre actores diversos, pero que son sobre todo actores privados. Si la teoría económica no puede decir nada a este respecto, la ciencia política tiene mucho que aportar. Toda economía mundial es un ensamble de espacios ligados a niveles diferentes: un centro, regiones segundas bien desarrolladas y una periferia de márgenes determinados. En el centro de una economía internacional casi siempre se encuentra un Estado fuerte, dinámico, agresivo.
Después de la segunda guerra mundial la economía se estabiliza bajo la hegemonía de los EE.UU. A nivel internacional las relaciones económicas son objeto de un encuadre institucional sin precedentes que simbolizan los acuerdos de Breton Woods de julio de 1944 en materia monetaria y financiera, así como los del GATT en 1947 (acuerdo general sobre el comercio y las tarifas aduaneras). El aprovisionamiento energético mundial también queda asegurado. La aparición de empresas y de bancos multinacionales y el aumento de la potencia de Europa y Japón traducen el surgimiento de nuevas fuentes de poder.
La oposición frecuentemente resaltada entre Estados y Mercados no concierne solamente a dos tipos de actores, aún cuando el Estado sea un actor de la vida económica y social, sino dos modos de regulación de la economía. El uno, se basa sobre compromisos institucionales entre actores sociales, que permiten encuadrar los mecanismos del mercado, sin que estos sean combatidos como en el caso de las economías centralizadas. El otro, ubica el mecanismo de la competencia en el corazón de un conjunto de procesos de asignación de recursos y de distribución de ingresos. Se puede calificar de institucional el primer tipo de regulación y competitivo el segundo.
Las decisiones adoptadas por los Estados contribuyen a modelar la economía mundial. La globalización de las actividades económicas no tiene como consecuencia natural la desaparición de toda forma de influencia estatal sobre la manera como la producción y el financiamiento de la economía se organizan a nivel internacional. Pero todos los Estados no tienen el mismo grado de influencia. Los Estados Unidos tienen mayor influencia que otros países por su propia potencia. Estas diferencias entre Estados determinan estrategias diferentes frente a la globalización.
Algunos países se inscriben en la globalización ofreciendo a las multinacionales un marco fiscal ventajoso o una mano de obra barata y con libertades limitadas. Es el caso de China. Otros recurren a estrategias diversas para influenciar en la economía mundial. Es el caso de los paraísos bancarios, judiciales o fiscales y los pabellones de complacencia. Venden su soberanía a los financistas del mundo entero creando las disposiciones necesarias a la evasión fiscal o al blanqueo del dinero. Los Estados continúan pues desempeñando un papel significativo en la evolución de la economía mundial. Sin embargo, sus intervenciones que aparecen cada vez más en simbiosis con actores privados son cada vez más influenciadas por estos últimos. Si las instituciones internacionales ejercen una autoridad sobre la economía mundial ellas no son a menudo sino la prolongación de actores públicos y privados poderosos. La historia muestra que el poder de las instituciones económicas internacionales no es a menudo sino el reflejo del poder de los Estados y de las empresas más poderosas que las dominan.
Los Estados, estableciendo orden, conquistando nuevos territorios o asegurando el desarrollo de infraestructuras o la formación de la mano de obra, han tenido un rol central en la expansión de la actividad económica en la cual veían una condición de su poderío. Al mismo tiempo los actores privados han buscado siempre junto con la protección de los Estados, liberarse de las obligaciones fiscales o sociales que estos establecen sobre ellos. Las empresas siempre han sido oportunistas reclamando a la vez subsidios y menos impuestos, mayores protecciones aduaneras para sus productos y libre acceso a otros mercados.
Dentro del conjunto de las empresas trasnacionales se ha producido un cambio en el poder relativo de las diferentes empresas. Ello, relacionado con la importancia creciente en la economía actual de los servicios con respecto a los bienes materiales. Los servicios incluyen todas las actividades económicas que no significan producción material o construcción. Tienen a menudo un carácter transitorio, coinciden con la producción y crean valor inmaterial. Un número creciente de empresas multinacionales gigantes de las tecnologías de la información que obtenían sus utilidades vendiendo material y programas se están transformando hoy día en prestatarias de servicios.
Estamos entrando a una nueva era basada en las tecnologías de comunicación numérica y la economía cultural, dos fuerzas cuya sinergia crea un poderoso escenario económico. En las economías de mercado sofisticadas de los países desarrollados algunos actores, a pesar de su dimensión modesta, desempeñan un papel esencial que les da mucho poder e ingresos elevados. Son los que asesoran: los consejeros jurídicos y fiscales, los auditores y los analistas de cuentas, los consultores en estrategia y en organización. Estos oficios son frecuentemente ejercidos por independientes: es el dominio privilegiado de las profesiones liberales. Operan tradicionalmente sobre una base local por el hecho de los procesos jurídicos, fiscales y culturales corresponden a cada país. Pero estas profesiones han sido impulsadas a su vez por la espiral de la globalización de las empresas. Verdaderas multinacionales de estos servicios han aparecido. Es imposible comprender el funcionamiento de la economía mundial sin considerar el papel de las ideas y de las creencias dominantes que conducen a representar la globalización de tal o cual manera.
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