En general, “tipo de cambio” se define como el número de unidades de moneda nacional que se necesita para comprar una unidad de moneda extranjera.
Los esquemas cambiarios que predominaron durante el siglo XIX fueron los sistemas de tipo de cambio fijo. El llamado “patrón oro” era un sistema de ese tipo de cambio en el cual la autoridad monetaria fijaba el valor de la moneda local con relación al precio del oro. Por ejemplo, en los Estados Unidos, en el periodo 1879 – 1933, una onza troy de oro (unidad de medida inglesa, equivalente a 31,1034768 gramos) se podía adquirir por 18,85 dólares.
Debido a que muchos países establecían el valor de sus monedas en relación al dólar, estas podían también intercambiarse entre ellas a una tasa fija (la onza de oro estaba fijada en 3.87 libras británicas en el periodo 1879 – 1933). En consecuencia, como cada onza también estaba fijada a 18,85 dólares, el tipo de cambio dólares por libra era fijo y de 4,87 (18,85/3,87
El sistema de cambios fijo basado en el patrón oro colapsó durante la Gran Depresión (1929). Luego de la Segunda Guerra mundial el acuerdo surgido en la reunión de Bretton Woods (1944) estableció un sistema de cambio fijo para los países miembros del Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos países debían fijar el valor de sus monedas en relación al dólar norteamericano, y el dólar, por su parte, debía ser convertible en oro al precio de 35 dólares la onza.
El sistema de Bretton Woods concluyó en el año 1971, cuando Richard Nixon, presidente de Estados Unidos, suspendió la convertibilidad del dólar en oro y modificó de modo unilateral la paridad del dólar respecto a las demás monedas.
Desde 1973, los principales países industrializados del mundo han estado operando con un sistema de cambio de flotación sucia (se trata de un sistema de cambio flotante, pero controlado por la autoridad monetaria dentro de bandas preestablecidas). Por su parte, en la mayoría de los países en desarrollo predominó un régimen de tipo de cambio fijo hasta fines de la década de los noventa. La elección más común era fijar la tasa de cambio respecto al dólar estadounidense. La Argentina y Brasil fueron ejemplos cercanos de esto.
En un sistema de cambio fijo, la autoridad monetaria nacional (generalmente el Banco Central) fija el precio relativo entre la moneda local y una moneda extranjera, por ejemplo, pesos por dólares. Este precio fijo suele llamarse “valor par de la moneda”. Esto significaba que el Banco Central se compromete a vender o comprar moneda extranjera al precio fijado.
Mientras el sector privado tenga confianza que el Banco Central cumplirá con su compromiso, los bancos privados y otras entidades financieras estarán dispuestos a negociar pesos por dólares al precio oficial, más una pequeña comisión, sabiendo que siempre pueden realizar la operación inversa en forma directa con el Banco Central. Intercambiando moneda local por moneda extranjera, bajo el tipo de cambio fijado, el Banco Central aumenta o disminuye sus reservas de activos internacionales. Como consecuencia la oferta monetaria interna cambiará en uno u otro sentido a medida que esa institución cambia moneda local por moneda extranjera a fin de mantener constante el tipo de cambio.
Un país puede fijar el tipo de cambio de modo unilateral a la moneda de otra nación, o puede haber un acuerdo conjunto entre los países cuyas monedas se fijarán recíprocamente. Una fijación unilateral es típica de las economías en desarrollo, que fijan sus monedas a la de un país industrializado. En este caso, el país en desarrollo asume la responsabilidad de mantener el tipo de cambio al nivel que se ha comprometido.
Un ejemplo de fijación del tipo de cambio de manera unilateral fue el régimen de Convertibilidad en la Argentina, por el cual el Banco Central se comprometió de manera unilateral a sostener el tipo de cambio en 1$=l U$S en tanto que la Reserva Federal de Estados Unidos no intervino en ningún momento para ayudar al gobierno argentino a mantener estable el tipo de cambio. Del mismo modo, al abandonar el régimen de Convertibilidad, la Argentina nuevamente tomó una decisión unilateral, ya que no requería de la aprobación de los Estados Unidos.
En otros casos, mantener un tipo de cambio fijo es responsabilidad compartida entre los países afectados. Este tipo de acuerdo (denominado también “esquema cambiario cooperativo”) es común entre economía medianas o grandes (entre economías desarrolladas), como países de Europa que participaron en la puesta en marcha del mecanismo cambiario del Sistema Monetario Europeo, a fines de 1990.
Un aumento del tipo de cambio - bajo un tipo de cambio fijo -, se lo conoce como “devaluación de la moneda”. Por el contrario, una caída en el tipo de cambio se la denomina “revaluación de la moneda”. La autoridad monetaria, bajo un tipo de cambio flotante o flexible, no tiene obligación alguna de sostener un valor determinado. En consecuencia, todas las fluctuaciones en la demanda y oferta de la moneda extranjera se absorben mediante cambios en el precio de la moneda extranjera respecto a la moneda local.
El Banco Central fija la oferta monetaria, sin comprometerse con ningún tipo de cambio particular y deja después que el tipo de cambio fluctúe en respuesta a las perturbaciones económicas. Si el Banco Central no interviene el mercado de divisas mediante compras o ventas de la moneda extranjera, se dice que la moneda local está en “flotación limpia”. Sin embargo, a menudo los países que operan bajo tasas de cambio flexibles tratan de influir en el valor de su moneda realizando operaciones cambiarias. A este mecanismo se le conoce como “flotación sucia”.
Un aumento del tipo de cambio - bajo un tipo de cambio flotante o flexible -, se lo conoce como “depreciación de la moneda”. Por el contrario, a una caída del tipo de cambio se le suele llamar “apreciación de la moneda local”. En definitiva, un aumento del tipo de cambio, ya sea bajo un tipo de cambio fijo o flexible, significa una caída en el poder adquisitivo o poder de compra, debido a que cuesta más comprar una unidad de moneda extranjera.
El denominado “tipo de cambio real” es el cociente entre los precios extranjeros y los precios nacionales, expresados en la misma moneda. Se asocia a la competitividad de un país en el comercio internacional.
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