miércoles, 22 de junio de 2011

Modelos económicos aplicados en la Argentina (IV)

(continuación del blog anterior)

Si esto es parte de un nuevo modelo o una continuacion del anterior con viento a favor es algo que aun resta por verse. A mediados de 2002 comienzan a vislumbrarse signos de reactivación económica y desde 2003 a 2007, el país registró una fase de crecimiento económico con tasas que oscilaron en torno al 9% (8,8% en 2003, 9% en 2004, 9,2% en 2005, 8,5% en 2006, 8,7% en 2007 y 6,8 en 2008), en parte debido a una política económica de dólar alto destinada a favorecer la sustitución de importaciones, que ha incrementado la competitividad de la industria argentina. A causa de la recuperación de la economía que se ha observado en el período 2003 - 2008, y teniendo en cuenta que en el tercer trimestre de 2005 el PBI argentino (en pesos argentinos y a precios constantes) superó el valor de 1998.

La crisis económica internacional, iniciada en Estados Unidos en 2008, repercutió en la economía argentina, ya que según datos oficiales en el segundo y tercer trimestre de 2009 la economía se contrajo, para luego volver a crecer en el último trimestre. En 2009 la economía apenas creció al 0,9% según el INDEC. En materia de empleo, en el cuarto trimestre de 2009 se registró un tasa de desocupación del 8,4%. El alejamiento del modelo neoliberal, se estaría dando simultáneamente en varios países: Argentina, Bolivia, Venezuela, y en menor grado en Brasil. Otros se acercaron mas a EEUU: Chile, Uruguay, Ecuador, México.
Este modelo actual consiste básicamente en un capitalismo de Estado con una fuerte acumulación de stock proveniente de impuestos, retenciones, tasas y cambio por exportaciones. Hay una inmediata expansión del circulante y de los depósitos a la vista, lo que promueve un mayor consumo. Ese mayor consumo, mediante una fuerte presión fiscal, incrementa el stock de capitales en manos del Estado. Para que este "circulo virtuoso" funcione tiene que darse circunstancias tales como alto valor de los commoditties (granos, aceites, metalmecánica, automóviles, etc.) y una moneda artificialmente devaluada en relación a la divisa fuerte de pago: dólares, euros y yuanes.

El esquema funciona mientras la economía global esté en expansión, pero puede ser altamente inflacionario por el mayor circulante, con los que se demanda una cantidad limitada de bienes, que por escasez tienden a subir su precio. Son las empresas grandes y pequeñas las que compran más insumos y se produce la inflación mayorista que luego es trasladada a los precios finales. La producción de cereales y oleaginosas tiene un fuerte incentivo por el cambio favorable, pero es parcialmente esterilizado por las retenciones, con los que hay un traspaso de riquezas del sector agropecuario al sector público con el que se financian las obras públicas.

El problema es que las tasas de interés son negativas, es decir que el dinero depositado en pesos a mediano y largo plazo obtiene rendimientos menores que la media de inflación, por lo que no hay incentivos para depositar dinero como ahorro genuino y todo se vuelca al consumo. La ventaja es que la economía sigue caliente, pero corre el riesgo del desborde inflacionario precisamente por sobrecalentamiento y falta de depósitos que se conviertan en créditos de plazos medios y largos para bienes durables destinados a incrementos de la producción. La Administración Nacional quiere solucionar esta falta de ahorros genuinos con el ingreso a capitales extranjeros y hacer depósitos a largo plazo en la Argentina, es decir, reemplazar el ahorro doméstico con el ahorro extranjero. Hay medidas para neutralizar el ahorro especulativo extranjero de corto plazo (capitales golondrina). El mayor desafío del gobierno es obtener que parte del circulante vaya al ahorro genuino sin que por ello se enfríe la economía.

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