El Congreso, que se realizó en la Arquidiócesis de Rosario (6,7 y 8 de mayo), surgió como una iniciativa de los Obispos de todo el país que, reunidos en asamblea plenaria en noviembre de 2009, hicieron un llamado a la acción a los cristianos y a la ciudadanía en general, como agentes de transformación de la vida social, económica y política del país, alentándolos a dar el paso de habitantes a ciudadanos responsables.
En el Primer Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia realizado en la ciudad de Rosario se trataron temas de gran actualidad y se plantearon situaciones vinculadas a la pobreza que afecta a nuestro país. Entre los participantes (aproximadamente 1.500 personas) se encontraban representantes de 58 diócesis del país y de diversos sectores (sociales, políticos, empresariales, sindicales, académicos y otros credos) y alrededor de 500 jóvenes.
El Nuncio apostólico afirmó que la Iglesia Católica no puede dejar de participar en la misión de iluminar la acción de los hombres de buena voluntad para la solución de los problemas de la sociedad” y compartió con los presentes el mensaje y la bendición de la Santa Sede: “es necesario reconocer el papel fundamental de los laicos para que el mundo se impregne de las enseñanzas de Cristo.” En el Congreso también se insistía en que el panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si “a las ya conocidas causales añadimos las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambientes y grupos humanos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono de las personas en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social.” Se refirió también a “la pobreza espiritual (una pobreza de mente y espíritu, una pobreza de valores, de consistencia y compromiso, de sinceridad y de buena voluntad) que está estrechamente relacionada a la persistencia de la pobreza material.”
Cada época presenta sus dificultades, y sería simplista decir que unas son más duras y exigentes; simplemente son diferentes. Por una sencilla razón: siempre está "la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo.” Se resaltó en el Congreso que: “si en tantas circunstancias adversas (que vivimos a lo largo de toda la historia de la humanidad) fue posible un compromiso valiente y gozoso, también hoy podemos vivirlo".
Un diagnóstico muy claro también se daba al manifestarse que a pesar del crecimiento económico, la incidencia de la pobreza continúa siendo demasiada alta y casi la mitad de la población sólo encuentra empleo en ocupaciones informales precarias de baja calidad. Para reducir la pobreza y disminuir los problemas sociales se requiere controlar efectivamente la inflación y encarar reformas estructurales que incentiven la formalización de las microempresas y elevar los niveles de educación y de formación para el trabajo. Unos 4,6 millones de trabajadores tienen remuneraciones promedio del orden de $ 1.200 (UCA).
Los delegados regionales presentaron lo que dieron en llamar una "mirada federal", que destaca problemáticas comunes, como la injusticia que significa la pobreza, las "terribles consecuencias de la adicción al juego" que, según afirmaron, "se agravan cuando es patrocinado y favorecido por el Estado y las empresas". Se enumeraron, además, otros hechos, como la "creciente extranjerización de la tierra", los problemas del medio ambiente, la deforestación y la venta de tierras "con familias viviendo en ellas".
Deberán realizarse aportes desde distintos sectores, guiados por la Doctrina Social de la Iglesia, para promover políticas públicas que garanticen el cuidado de la vida, el desarrollo integral del ser humano y la erradicación de la pobreza como prioridad nacional. El titular de la comisión de Justicia y Paz en la Argentina, recordaba el valor que les daba, en su juventud, a las enseñanzas doctrinales de la Iglesia. "Con qué interés leíamos los documentos y encíclicas del Papa buscando qué nos querían decir para nuestro trabajo, nuestra vida. Hoy no es así, incluso en la Iglesia católica".
Cada una de las ocho regiones pastorales del país expuso un informe con la metodología de trabajo de ver, juzgar y actuar. El denominador común de los informes fue la problemática de la pobreza en sus diversas manifestaciones: desintegración familiar, una vivienda digna, la problemática de las adicciones (alcohol, droga y juegos de azar), la desnutrición, el desempleo y la necesidad de revalorizar la cultura del trabajo. Asimismo se presentaron propuestas de acción en común para superar estas problemáticas.
Los informes regionales centraron su versión de la realidad en el desafío que constituye la pobreza injusta, sintetizando los diagnósticos dados. Las exposiciones ponen de relieve una grave inequidad en la distribución de la riqueza, de las oportunidades: vivienda, salud, educación, información. Pues otra cara de la pobreza es la acumulación de una riqueza que no crea fuentes de trabajo, no respeta el medio ambiente y se fuga casi totalmente al exterior. Se precisó que el Congreso fue más pastoral que académico y que se proyectan tener listas las conclusiones para elevárselas al gobierno nacional como un aporte. También se insistió en la importancia del diálogo y la búsqueda de consensos. “La pobreza espiritual está estrechamente vinculada a la persistencia de la pobreza material”, y se tildó la situación como “subdesarrollo moral”.
La Doctrina Social de la Iglesia puede orientarnos para ofrecer una respuesta a diversos interrogantes sobre la familia, el trabajo digno, la pobreza, la seguridad, el flagelo de la droga, sabiendo que ello proviene de una profunda reflexión a la luz de Evangelio.
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