miércoles, 5 de marzo de 2008

Cambios que se han producido en el mundo, producto de la globalización

La globalización nos da, como nunca antes en la historia, la posibilidad de acceder a la información total en tiempo real, con toda la trascendencia que ello tiene en los resultados económicos y, más allá de ella, en los cambios en la cultura mundial y local. Hay aspectos ya muy conocidos. La ciudadanía global se preocupa cada vez más por contar con productos y servicios más personalizados; gusta de elegir entre una amplísima variedad de ofertas destinadas a satisfacer la diversidad de preferencias; nuevas clases medias y de elevado poder adquisitivo en economías emergentes se incorporan a pautas de consumo; nuevas generaciones de jóvenes en partes crecientes del mundo – lo que el Banco Mundial ha analizado en su reciente Informe sobre Desarrollo Mundial 2007 – han nacido ya conociendo la utilización de instrumentos electrónicos que la gente de la anterior generación había tenido dificultades en aplicar; y los cambios demográficos hacia el envejecimiento en sociedades como Europa, Japón y China, preludian transformaciones más profundas de notoria incidencia económica.. Se ha convertido el tema en un lugar común, y unido a ello, es cierto que las transformaciones que supone la denominada globalización afectan en forma profunda no sólo a los ámbitos económicos y empresariales sino también a múltiples aspectos de la vida sociopolítica y cotidiana de las personas y de las sociedades. Destacados analistas, desde académicos, a autores más mediáticos, hablan de una “tercera revolución” de impacto similar a la agrícola de hace muchos siglos o a la industrial de hace dos siglos y medio. De hecho, buena parte de los debates y conflictos acerca de la globalización derivan de la complejidad y de la perplejidad que se suscita al analizar cómo será la respuesta a estos profundos cambios. El aumento del comercio internacional y la inversión privada directa, pero sobretodo, la difusión de información y procesamiento de datos e imágenes en escala planetaria, han generado un nuevo entorno productivo fuertemente influenciado por el escenario global. En realidad, en el escenario actual, la calidad de las respuestas a la globalización dependen de la capacidad pública y privada de movilizar el potencial interno disponible para asociarlo de manera equitativa, con el orden global. Un ejemplo lo proporciona el desarrollo de los tejidos productivos en las economías avanzadas y la importancia decisiva de las pequeñas y medianas empresas. Los hechos antes recordados, relacionados a este punto, sólo fueron posibles por la coexistencia de la iniciativa de los actores privados en el marco de políticas activas de promoción de la tecnología, la organización, el financiamiento y el estudio más intensivo del mercado. Para esto fueron necesarios estados y liderazgos empresariales capaces de movilizar recursos con suficiente grado de autonomía persiguiendo, sin duda, sus propios objetivos. El crecimiento que provoca a escala mundial la globalización, los ritmos espectaculares de desarrollo de economías emergentes y su perspectiva de continuidad – a tal vez tasas más moderadas, pero de forma más equilibrada – tiene la consecuencia elemental de aumentar la demanda de los materiales más básicos, cuya oferta responde lentamente o en todo caso más lentamente que la demanda, y que en ocasiones pueden mostrar síntomas de agotamiento o encarecimiento, por la necesidad de explotar orígenes extractivos de cada vez mayor dificultad. Ello aumenta la escasez relativa de esos materiales básicos y por tanto su valor, y ese aumento de valor se trasladaría a toda la cadena de utilización, que incluye hasta la gestión de sus residuos, su recuperación y eventualmente tratamientos de reciclaje. En particular, la elevación de los precios del petróleo y de muchas materias primas, especialmente “commodities” que incluyen materiales básicos (entre ellos diversos metales muy necesarios para procesos productivos) ha sido objeto de enorme atención y preocupación mundial en los últimos años. Pero todas esas nuevas demandas y gustos tienen unos rasgos en común: la valoración de la calidad a los artículos pero también al entorno. La gente cambia de vivienda para tratar de tener un escenario más accesible, ecológico y tranquilo. Por razones de sensibilidad medioambiental en unos casos, por razones de calidad de vida en todos los casos. El concepto de “contaminación” se extiende a vertientes acústicas y visuales, tal vez opinan algunos en forma excesiva. Pero la tendencia subyacente es clara. Los ciudadanos globales valoran la recuperación de “paisajes” – y las nuevas formas de turismo lo evidencian. Incluso en los países emergentes, las grandes ciudades chinas empiezan a ser conscientes de la necesidad de mejorar drásticamente su situación medioambiental después de décadas de permisividad en aras al crecimiento. Uno de los cambios por la vertiente de la demanda más llamativos en los últimos tiempos, ha sido el creciente peso económico de países emergentes. Con China e India al frente, han cambiado las pautas de consumo de muchos bienes. Pero los análisis más habituales se centran en los aspectos que los economistas denominan “del lado de la oferta”. Expresan cómo las tecnologías de la información y la comunicación permiten “fragmentar” los procesos productivos en múltiples etapas o tareas, cada una de las cuales se puede desarrollar en un país o lugar diferente, sin merma de efectividad en la coordinación. Señalan cómo cambian las calificaciones requeridas para que los países industrializados traten de mantener una posición destacada en la economía global. Y ciertamente, todo esto es muy importante, absolutamente esencial para entender los cambios de la “economía global”. Pero – conforme lo anunciamos - no debe olvidarse de la otra gran vertiente de los impactos de las nuevas realidades globales: la que se refieren a la “vertiente de la demanda”, y que incluyen tanto los cambios cuantitativos en las relativas a bienes y servicios como los cambios en las estructuras. Pero, en una perspectiva más amplia, es esencial constatar que la “era de la globalización” no ha traído solamente cambios – más o menos importantes, más o menos traumáticos – por el lado de la configuración de la oferta productiva, sino además y muy especialmente por el lado de la demanda, de las preferencias de las necesidades, de los gustos del consumidor…

No hay comentarios: