En un reciente documento elaborado por
varios economistas titulado “La gravedad de la herencia recibida”, integrantes
del Consejo Académico de la Fundación
Libertad y Progreso, exponen de manera clara y precisa la
actual situación de la economía argentina ante el traspaso al nuevo gobierno.
De acuerdo a los especialistas, la gestión
populista y orientada ideológicamente hacia la intervención fue consolidando a
lo largo de los últimos años un conjunto de distorsiones y falencias que hoy
configuran una situación económica preocupante. Nos parece oportuno destacar
los aspectos económicos y sociales más salientes que contiene ese documento:
Hubo
una degradación institucional afectando la seguridad jurídica y el derecho de
propiedad. Se llegó al extremo de falsear las estadísticas
oficiales y se intentó con algún éxito reducir la independencia de la Justicia y avanzar en la
propiedad amiga y oficial de los medios de comunicación y prensa. En los
últimos doce años a través de sucesivas modificaciones a la legislación del
trabajo, sólo se ha agregado conflictividad, encarecimiento laboral y pérdida
de productividad, perjudicando finalmente a los propios trabajadores.
El nuevo
Gobierno encuentra un Estado en situación de default y sin acceso al crédito en
condiciones razonables. El gasto público total (nación + provincias +
municipios) ha subido desde un promedio histórico del 30% del PBI previo a
2002, a un nivel actual
de 47% del PBI. La presión tributaria también se ha elevado desde 27% a 39% del
PBI. Tanto el uno como el otro son niveles no financiables por las personas y
empresas. La emisión
y consiguiente expansión monetaria generó una inflación del orden del 25% anual.
Esta hubiera sido mayor a no ser por el retraso del tipo de cambio, los
controles de precios y tarifas y la recesión económica inducida por el propio
Gobierno. Han sido varios años de aumento de los impuestos y del gasto público
afectando los ingresos reales de las personas y la rentabilidad de las
empresas. A ello hay que agregar una muy mala calidad de gasto (en seguridad,
educación, salud, etc.).
Debido
al temor de un episodio hiperinflacionario, o una corrida bancaria, o una
estampida del dólar paralelo, se fueron sumando más distorsiones y acumulando
más problemas irresueltos que pasan como herencia al próximo Gobierno.
Como ejemplo extremo de esto el Banco Central operó en la venta
de dólar futuro a un precio deliberadamente inferior a las expectativas del
tipo de cambio y por debajo de las cotizaciones de ese mismo futuro en plazas
del exterior. Las medidas aplicadas lograron que en buena medida las enormes
distorsiones y amenazas económicas y sociales resultaran incompetentes,
permitiendo continuar con un discurso demagógico referido a “los logros
alcanzados”.
Entre
los efectos de esta política populista se destaca que las reservas
internacionales disponibles son de hecho nulas por su
insuficiencia para pagos ya comprometidos. Ante la inflación el gobierno que termina su mandato instauró el control de cambios (el cepo) que no impidió la evaporación
de las reservas pero perturbó severamente las actividades productivas y generó
déficit comercial
La
fuga de capitales fue intensa y muy superior al ingreso de inversiones directas.
Junto al cepo cambiario el Banco Central se hizo cargo de los pagos externos
del Tesoro y vendió fluidamente “dólar ahorro” para mantener controlada la
cotización del paralelo, perdiendo reservas. El gasto cuasifiscal se catapultó
debido al pago de altos intereses por el elevado stock de letras del Banco
Central
El
gasto ha crecido a un ritmo mayor que el de los ingresos y mes a mes ha
aumentado el déficit fiscal. Se estima el actual desequilibrio financiero,
después del pago de intereses, en un 8% del PBI. Esta cifra no
tiene en cuenta gastos devengados y no pagados, tales como el incremento de las
deudas con proveedores y contratistas, las sentencias judiciales reclamables y
los servicios impagos de la deuda en default. Como el Gobierno no tiene
prácticamente acceso al crédito, ese déficit se solventa mediante transferencias
de fondos de la ANSES ,
del PAMI y del Banco Central.
Existió
congelamientos tarifarios y controles de precios produciendo distorsiones que
han adquirido una dimensión destructiva. Así las cosas, la
inversión cayó notablemente generando un círculo vicioso de capacidad
insuficiente, caída de la producción y más importaciones. El Gobierno saliente
entró en una espiral complicada. Tuvo que subsidiar empresas para mantener la
producción sin aumento de precios. Pero los subsidios simplemente transfieren
recursos de unos sectores a otros. El efecto neto es una caída global de la
producción y la inversión.
La
inseguridad personal creció y el narcotráfico tomó una muy peligrosa
dimensión.
Nota: Los
economistas que han intervenido en este informe son: Manuel
Solanet, Agustín Etchebarne, Aldo Abram, Santiago Bergadá, Roberto
Cachanosky, Juan Carlos Cachanosky, Agustín Monteverde y Héctor Mario
Rodriguez,
Fuente: Rev. Fortuna . Perfil
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