sábado, 12 de diciembre de 2015

Sobre la actual situación económica de Argentina



En un reciente documento elaborado por varios economistas titulado “La gravedad de la herencia recibida”, integrantes del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso, exponen de manera clara y precisa la actual situación de la economía argentina ante el traspaso al nuevo gobierno.
De acuerdo a los especialistas, la gestión populista y orientada ideológicamente hacia la intervención fue consolidando a lo largo de los últimos años un conjunto de distorsiones y falencias que hoy configuran una situación económica preocupante. Nos parece oportuno destacar los aspectos económicos y sociales más salientes que contiene ese documento:
Hubo una degradación institucional afectando la seguridad jurídica y el derecho de propiedad. Se llegó al extremo de falsear las estadísticas oficiales y se intentó con algún éxito reducir la independencia de la Justicia y avanzar en la propiedad amiga y oficial de los medios de comunicación y prensa. En los últimos doce años a través de sucesivas modificaciones a la legislación del trabajo, sólo se ha agregado conflictividad, encarecimiento laboral y pérdida de productividad, perjudicando finalmente a los propios trabajadores.
El nuevo Gobierno encuentra un Estado en situación de default y sin acceso al crédito en condiciones razonables. El gasto público total (nación + provincias + municipios) ha subido desde un promedio histórico del 30% del PBI previo a 2002, a un nivel actual de 47% del PBI. La presión tributaria también se ha elevado desde 27% a 39% del PBI. Tanto el uno como el otro son niveles no financiables por las personas y empresas. La emisión y consiguiente expansión monetaria generó una inflación del orden del 25% anual. Esta hubiera sido mayor a no ser por el retraso del tipo de cambio, los controles de precios y tarifas y la recesión económica inducida por el propio Gobierno. Han sido varios años de aumento de los impuestos y del gasto público afectando los ingresos reales de las personas y la rentabilidad de las empresas. A ello hay que agregar una muy mala calidad de gasto (en seguridad, educación, salud, etc.).
Debido al temor de un episodio hiperinflacionario, o una corrida bancaria, o una estampida del dólar paralelo, se fueron sumando más distorsiones y acumulando más problemas irresueltos que pasan como herencia al próximo Gobierno. Como ejemplo extremo de esto el Banco Central operó en la venta de dólar futuro a un precio deliberadamente inferior a las expectativas del tipo de cambio y por debajo de las cotizaciones de ese mismo futuro en plazas del exterior. Las medidas aplicadas lograron que en buena medida las enormes distorsiones y amenazas económicas y sociales resultaran incompetentes, permitiendo continuar con un discurso demagógico referido a “los logros alcanzados”.
Entre los efectos de esta política populista se destaca que las reservas internacionales disponibles son de hecho nulas por su insuficiencia para pagos ya comprometidos. Ante la inflación el gobierno que termina su mandato instauró el control de cambios (el cepo) que no impidió la evaporación de las reservas pero perturbó severamente las actividades productivas y generó déficit comercial
La fuga de capitales fue intensa y muy superior al ingreso de inversiones directas. Junto al cepo cambiario el Banco Central se hizo cargo de los pagos externos del Tesoro y vendió fluidamente “dólar ahorro” para mantener controlada la cotización del paralelo, perdiendo reservas. El gasto cuasifiscal se catapultó debido al pago de altos intereses por el elevado stock de letras del Banco Central
El gasto ha crecido a un ritmo mayor que el de los ingresos y mes a mes ha aumentado el déficit fiscal. Se estima el actual desequilibrio financiero, después del pago de intereses, en un 8% del PBI. Esta cifra no tiene en cuenta gastos devengados y no pagados, tales como el incremento de las deudas con proveedores y contratistas, las sentencias judiciales reclamables y los servicios impagos de la deuda en default. Como el Gobierno no tiene prácticamente acceso al crédito, ese déficit se solventa mediante transferencias de fondos de la ANSES, del PAMI y del Banco Central.
Existió congelamientos tarifarios y controles de precios produciendo distorsiones que han adquirido una dimensión destructiva. Así las cosas, la inversión cayó notablemente generando un círculo vicioso de capacidad insuficiente, caída de la producción y más importaciones. El Gobierno saliente entró en una espiral complicada. Tuvo que subsidiar empresas para mantener la producción sin aumento de precios. Pero los subsidios simplemente transfieren recursos de unos sectores a otros. El efecto neto es una caída global de la producción y la inversión.
La inseguridad personal creció y el narcotráfico tomó una muy peligrosa dimensión. 


Nota: Los economistas que han intervenido en este informe son: Manuel Solanet, Agustín Etchebarne, Aldo Abram, Santiago Bergadá, Roberto Cachanosky, Juan Carlos Cachanosky, Agustín Monteverde y Héctor Mario Rodriguez,

Fuente: Rev. Fortuna . Perfil


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