Hace exactamente diez años, el 1º de enero de 2002, nació el Euro. Sobre la enorme sede del Banco Central Europeo detonaron entonces - en esperanzada celebración - los fuegos artificiales. El acontecimiento era para celebrar: algunos países de la Vieja Europa adoptaban una moneda común, en lo que parecía un paso importante en el proceso de integración europea que había sido puesto formalmente en marcha en 1958, con la firma del Tratado de Roma, pese a que sectorialmente - en materia de carbón y acero, concretamente - Europa ya caminaba en dirección a la unificación. Con el horror de la Segunda Guerra Mundial y la pesadilla del nazismo todavía frescos, lo que sucedía era realmente un momento para ilusionarse.
La decisión de la agencia Standard & Poor’s de rebajar la calificación crediticia de nueve países, entre ellos potencias económicas como Francia, Austria, Italia y España, causó un gran malestar en Europa por las complicaciones que agrega al difícil panorama de la eurozona. El impacto principal fue contra Francia, segunda economía europea, que pierde su triple A, la mejor nota posible, y la baja un escalón junto con la de Austria, a AA. Con la medida adoptada por S&P, sólo quedan cuatro países con triple A en la Eurozona. Alemania está a la cabeza, lo que le permite emitir deuda a menor costo. Otros países, fueron duramente golpeados: Italia y España han perdido dos posiciones, como Portugal y Chipre cuyas deudas fueron degradadas por S&P al nivel de inversión “especulativa”. Las notas de Malta, Eslovaquia y Eslovenia también perdieron un grado. Lo que es aún más grave, S&P amenaza con una nueva degradación de aquí a finales de 2013 para el conjunto de los países de la región. El problema es ciertamente grave. Los italianos deben refinanciar cerca de 40.000 millones de euros a fin de enero y otros 50.000 en febrero. Ahora, con la nueva rebaja de su calificación que la llevó a BBB, deberá pagar cifras más altas por sus bonos lo que complicará el fondeo.
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