martes, 17 de enero de 2012

El capitalismo y sus distintas acepciones

El capitalismo constituye una realidad sumamente compleja. Es un régimen económico donde la titularidad de los medios de producción es privada. Estos medios operan en función del beneficio, mientras que las decisiones económicas se toman en función de la inversión de capital y hacia la competencia por los mercados de consumo y trabajo asalariado.

Es un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la existencia de un mercado de libre competencia en el que se comercian bienes, servicios, productos y trabajos. Su origen debe buscarse en los países europeos occidentales a partir de los siglos XVI y XVII, atravesando varias etapas: capitalismo comercial, manufactura y, en el s. XVIII, merced a los grandes inventos mecánicos (Revolución Industrial), capitalismo industrial. El último estadio en la historia del capitalismo es la del capitalismo financiero, que se caracteriza por la concentración monopolista y de capitales y la existencia de grandes multinacionales. Durante los últimos años, las economías capitalistas han experimentado una serie de cambios relevantes que han ido apartándolas del modelo teórico establecido por los economistas clásicos y sus continuadores: la progresiva intervención del Estado en la vida económica, la tendencia a la concentración de empresas, la inflación continuada y el aumento del paro.

En sentido tecnológico caracteriza a la economía moderna y a los instrumentos de que se ha valido para conseguir eficiencia y productividad: empresas de grandes dimensiones, división del trabajo, dinámica empresarial. En sentido sociológico supone un sistema económico-social en el que los posesores del capital y los organizadores de la producción asumen un papel subjetivo primordial. Visto como concepción ideológica, el capitalismo separa el obrar económico de las instancias ético-sociales, ve en el beneficio la palanca exclusiva de la economía, exalta y defiende la propiedad privada de los medios de producción, señala en la intervención estatal dentro del terreno económico y en la acción sindical unos peligrosos elementos de freno a la expansión económica de la producción y del comercio.
La concepción ideológica del capitalismo que hemos descrito encontró un sólido apoyo en el paleocapitalismo, mientras que en las formas neocapitalistas de hoy, caracterizadas por economías «mixtas” (que conjugan de diversas formas el liberalismo económico, el intervencionismo del Estado, la presencia activa del movimiento obrero) ha sufrido notables recortes y ha adquirido un "rostro humano» ~ democrático. Durante el período en el que la ideología y la praxis eran tendencialmente hegemónicas, se anunciaba como próximo el fin del capitalismo, debido a sus crisis repetidas. En el capitalismo, todos los actores del mercado actúan de acuerdo a su propio interés: el capitalista, quien dispone de los recursos, pretende la maximización de su beneficio mediante la acumulación y reproducción del capital; el trabajador, cumple con sus tareas para recibir una recompensa material (el salario); los consumidores, buscan obtener la mayor satisfacción o utilidad posible al momento de adquirir bienes y servicios.

Tras la caída del modelo económico colectivista en los países del «socialismo real», el capitalismo les parece a muchos un modelo convincente y prácticamente insustituible. La definición de capitalismo, de todas formas, no es exacta. Las democracias liberales, por ejemplo, entienden al capitalismo como aquel sistema donde la distribución, la producción y los precios de los bienes y servicios son determinados por alguna forma de libre mercado.
Teóricos y políticos han enfatizado la particularidad y dinamismo del capitalismo para promover el crecimiento económico, tal como se mide por el Producto Bruto Interno (PBI), utilización de la capacidad instalada o calidad de vida. Este argumento fue central, por ejemplo, en la propuesta de dejar que el libre mercado controle los niveles de producción y de precio, y distribuya los recursos.

Sostienen que el rápido y consistente crecimiento de los indicadores económicos mundiales desde la revolución industrial se debe al surgimiento del capitalismo moderno. Mientras que las mediciones no son idénticas, aquellos que están a favor argumentan que incrementar el PBI (per capita) ha demostrado empíricamente una mejora en la calidad de vida de las personas, tal como mejor disponibilidad de alimentos, vivienda, vestimenta, atención médica, reducción de horas de trabajo, y libertad de trabajo para niños y ancianos.
Pero también el capitalismo ha sido criticado desde distintas corrientes del pensamiento que lo acusan de promover la explotación al transformar al trabajo del hombre en una mercancía más. La propia contradicción del sistema reside en que se basa en medios de producción privados con una fuerza de trabajo colectiva: es decir, mientras que el capitalismo se reproduce en forma colectiva, las riquezas que genera son propiedad privada del capitalista.

Agregan que el problema es que vivimos en una sociedad en la que el propio capitalismo se ha convertido en salvaje. Políticos que engañan sobre sus gastos, banqueros que saquean el erario público en su beneficio, compañías telefónicas y de tarjetas de crédito que cargan gastos misteriosamente en las cuentas de todos, comerciantes que especulan con los precios….

Una economía política de la desposesión masiva, de prácticas predatorias hasta el punto del robo a la luz del día, particularmente a los pobres y los vulnerables, los más ingenuos y los desprotegidos, es lo que tenemos en el orden del día. Es decir, el capitalismo se transforma en perverso ¿Hay alguien que crea que es posible seguir encontrando algún capitalista, un banquero, un político, un comerciante o una autoridad de seguridad, honesto? Sí, existen. Pero solo como una minoría que todo el resto califica como despropósito. Se agregaría la expresión !Consiga ganancias fáciles. Defraude y robe! que las posibilidades de ser atrapado son escasas. Y, en cualquier caso, hay muchísimas maneras de blindar la riqueza personal de los costos de la malversación corporativa. Tal posición sería muy lamentable.

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