Siempre tratamos de apreciar acontecimientos e impactos que pueden producir alternativas futuras, aunque reconocemos que sobre todo refiriéndonos a la evolución de la moneda externa, se debe proceder con la mayor prudencia. En economía debe primar en este tipo de análisis la cautela porque la situación económica en el país puede tener derivaciones inesperadas. No obstante, hemos leído en publicaciones especializadas, los comentarios de varios especialistas que auscultando distintos aspectos han realizado pronósticos que son los que vamos aquí a mencionar.
Desde el sector privado – bancos, consultoras económicas, fundaciones, centros de estudios y universidades – están previendo, dentro de un conjunto de variables, una mayor devaluación para el 2012. En concreto, proyectan una depreciación del peso más del doble que la prevista para este año. Las previsiones, si bien tempranas para asegurar números, dan cuenta de una convicción basada en que el mercado especula con una aceleración de la devaluación que piensan se destrabe a partir de las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en el mes de octubre (es sabido que subir el dólar antes de tiempo podría resultar para algunos no conveniente antes de las elecciones). Y es que para este año los mismos encuestados analizan una depreciación del peso cercana a 6%. Teniendo en cuenta el valor estimado a diciembre del año que viene, la moneda local se desvalorizaría un 13,88% ese año, más del doble que la prevista para 2011.
Desde una de las consultoras que participa de la encuesta del BCRA se explicaba que “a la luz de los cálculos que se realizan a abril-mayo de este año para 2012, el factor político de las elecciones está descontando un cuadro favorable para el actual gobierno". LatinFocus Consensus Forecast, por ejemplo, habla de las mismas cifras que lo relevado por el organismo monetario. El último informe publicado el 10 de mayo, en el que participaron bancos locales, bancos de inversión y consultoras económicas domésticas, arrojaron un promedio de $ 4,66 para el dólar el año que viene y de $ 5,04 para diciembre de ese año. Claro que las estimaciones también contemplan un contexto similar al que existe actualmente.
La mayoría de datos y opiniones se basan en el Informe de Inflación del segundo trimestre de 2011 que elabora el Banco Central (BCRA), dentro del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM). Hay un consenso entre los encuestados que evalúan un promedio de tipo de cambio cercano a $ 5 para fines del año que viene, contra el promedio estimado de esta variable en diciembre de 2011 que la ubica en $ 4,25.
“Durante el trimestre comenzaron a relevarse los pronósticos para 2012. De acuerdo a los participantes del REM, en 2012 la economía volvería a crecer aunque a una tasa ligeramente inferior a la proyectada para el presente año y el promedio del tipo de cambio nominal previsto para fines de 2012 se ubica en $ 4,84 por dólar”, revela el informe oficial. Los mismos datos arrojan encuestas privadas que tienen más peso para el mercado. A partir que el INDEC fuera intervenido en el año 2007, la encuesta del Central fue cuestionada por algunos sectores. Muchos de los participantes dejaron de colaborar y los que persisten, en algunos casos, contestan parcialmente el trabajo. “Básicamente lo que ocurre es que hay una falta de coordinación en los datos que se contestan, porque cada participante toma sus variables”, explicaron desde una consultora.
“Hay que tener en cuenta que algunos factores, más allá del político, pueden cambiar de aquí a ese momento. Hoy los precios de las commodities son favorables al país. La soja se orienta hacia buenos precios. Pero también habrá que pensar en la incidencia que de aquí en adelante puede pasar con ciertos países europeos, con los mercados externos y además, factores como la sequía, entre muchos otros”.
Agreguemos que desde comienzos del año, el Gobierno tomó conciencia de que la escasez de dólares para llegar hasta las elecciones presidenciales de octubre sería una constante. Entendemos que es por eso que decidió contener las importaciones e incrementó los controles para la compra de dólares en el mercado cambiario. Esa estrategia defensiva tendría como sustento el supuesto de que entre abril y junio el Banco Central compraría buena parte de los dólares que ingresen por las exportaciones del campo. Agreguemos que antes hubo dólares que entraron pero que no se quedaron. Durante el vencido mes de mayo, luego de un periodo en que las reservas del Banco Central no crecen, terminarían en torno a los U$S 51.900 millones del inicio. La salida de divisas en mayo llegaría a unos U$S 1.300 millones que se sumarían a los U$S 1.600 que salieron en abril, totalizando en los primeros cinco meses del año unos U$S 6.000 millones. Debemos mencionar, además, que la ANSES, la administradora del dinero de los jubilados, compra una cantidad importante de bonos argentinos en pesos y a pagar con dólares. El objetivo de esta estrategia es evidente: tratar de aumentar la oferta de dólares para evitar que siga subiendo el dólar paralelo.
Hay fondos de inversión que se desprenden de los pesos y buscan cómo posicionarse en la moneda norteamericana. El mecanismo más conocido se llama contado con liqui : comprar aquí un bono denominado en pesos que afuera tenga cotización en dólares y ejecutar rápidamente la transferencia, sin pasar por el circuito formal. El problema surge cuando esas operaciones proliferan. Cuando, empujadas por las expectativas, unas alimentan a otras, se crea un círculo vicioso y la presión por las divisas aumenta.
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