(continuación del blog anterior)
La Argentina ha logrado un coeficiente de inversión del 22% de su PBI, lo cual es un dato alentador pero insuficiente si el objetivo es transformar esta etapa prolongada de fuerte crecimiento económico en un salto al desarrollo. Las buenas condiciones internacionales en relación al precio de nuestras exportaciones agrícolas permiten augurar para 2011 una importante tasa de crecimiento. No obstante, las acechanzas son las conocidas: tensión inflacionaria, crecimiento desequilibrado y algo que empieza a parecerse a la enfermedad holandesa (el ingreso de divisas, tanto por la vía comercial como por la financiera, que empujan a la revaluación del peso). Una mayor inversión, sobre todo destinada a los sectores que abastecen una demanda interna expansiva y hacia aquellos rubros de la industria manufacturera que deben dar un avance en su competitividad, son unas de las necesidades del momento.
La caducidad de las facultades delegadas del Congreso hacia el Poder Ejecutivo Nacional ha activado el debate en torno a la validez de las retenciones a las exportaciones. Hay en la Cámara de Diputados un proyecto con dictamen de comisión para reducirlas gradualmente. Equidad, competitividad y desarrollo no son objetivos incompatibles, aunque algunos discursos así lo planteen en torno a las retenciones.
La tasa de suba interanual del gasto público fue en noviembre del 49%, según los datos que difundió el Ministerio de Economía. La suba más llamativa es la del rubro remuneraciones, que en noviembre totalizó $ 5.823,2 millones, un 97% más que en igual mes de 2009 y un 47% más que en octubre de este año. En un estudio realizado, ese salto no sería posible si no fuera por alguna cuestión técnica de contabilización que, sin embargo, el Ministerio de Economía no aclaró. El informe de la cartera destaca antes otros incrementos interanuales, que fueron en realidad inferiores al promedio de la suba del gasto, como el caso de las prestaciones de la seguridad social (subieron un 30%).
El Ministerio de Economía reabrió por una semana el canje de la deuda para salir del default, que les permitirá a los bonistas que aún no ingresaron recibir un valor de mercado más favorable que el percibido por quienes tomaron la oferta de principios de año. En una decisión inesperada, se publicó casi a fines de diciembre, una resolución que le permitirá al Gobierno acercarse algunas décimas más al 95% de adhesión total que quiere alcanzar entre los bonistas.
Con la publicación de los datos de la recaudación nacional para todo el año 2010, que creció a un ritmo acumulado del 34.4% interanual, y estimando un crecimiento de la recaudación provincial y municipal del 28%, la presión tributaria efectiva del Sector Público Argentino (que se mide como la recaudación de los tres niveles de gobierno - nacional, provincial y municipal - en porcentaje del PBI) cerraría el año 2010 cerca del 32% del Producto Bruto Interno.
Analizar la presión tributaria de un país requiere hacer la salvedad que se está evaluando solamente una parte de las dos básicas a través de las cuáles el Estado interviene en la economía en materia de flujos financieros. Solamente se evalúa el flujo que va desde el sector privado al sector gobierno (pago de impuestos), dejando de lado el que opera en sentido contrario (gasto público). Por ende, no se puede llegar a una conclusión taxativa respecto a si el nivel de presión tributaria es adecuado o no. Con esta aclaración, el presente análisis se concentra en la evolución de la presión tributaria efectiva argentina consolidada en los últimos años, tanto en contexto absoluto como en contexto relativo con otros países. Se trata de un análisis descriptivo de lo sucedido con las recaudaciones nacional, provincial y municipal.
Evolución de la presión tributaria argentina: si se compara esta cifra con la del año 2000, se observa un crecimiento en la presión tributaria de unos 9.5 % del producto. Tal como se desprende de un análisis, dicha suba se explica en unos 4.6 % del PBI por la introducción de dos nuevos tributos (el impuesto a los débitos y créditos bancarios y los derechos de exportación), mientras que los restantes puntos porcentuales de aumento se debieron a otros cambios en ciertos impuestos y a mejoras en la recaudación de algunos tributos, que aumentaron a mayor ritmo que el crecimiento del producto.
El balance de este año 2010 muestra a una Bolsa que se colocó por segundo año consecutivo entre las cinco más rentables del mundo, al ofrecer una ganancia que, medida en dólares, resultó cercana al 50%. (Venía de obtener una ganancia del 95,2% el año previo.) Sólo comparte ese privilegio con Indonesia, que, tras mostrar mejoras del 117,7% en 2009, tuvo otro año notable con ganancias del 50%.
Pero más destacadas en nuestra Bolsa fueron las mejoras superiores al 200% que obtuvieron los denominados cupones atados al crecimiento del país que el Gobierno anexó a los bonos del canje en 2005 como estimulante para sumar adhesiones a esa operación.
Esta buena situación financiera, fue impulsada por el cuadro de una fuerte liquidez y dinero barato en términos históricos en que se mueven los mercados de todo el mundo, situación que, al persistir, pareció convencer aún a los apostadores menos arriesgados de migrar hacia mercados fronterizos (es la calificación que corresponde a la Bolsa argentina) en busca de retornos menos mediocres que los que les ofrecen las plazas centrales. Paradójicamente, en ese tránsito, algunos fondos internacionales hasta descubrieron que las apuestas en mercados emergentes pasaron a ser no sólo más rentables que las de otras plazas internacionales (como la europea), sino también menos riesgosas, por el equilibrio macroeconómico en que pasaron a moverse este tipo de países.
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