Luego de analizadas en los dos blogs anteriores las retenciones, particularmente para la soja, nos permitimos hacer algunas reflexiones sobre el tema. Corresponde destacar que el tratamiento de esas retenciones estará a consideración próximamente por el Senado de la Nación, luego de la media sanción de la Cámara de Diputados
Hablar de retención lleva a pensar en una ulterior devolución, que ciertamente no es el caso. Se trata de una detracción, de un impuesto que consiste en un porcentaje del precio de exportación del producto. Este derecho - aplicado en varias oportunidades en el país -, se suele aplicar sobre las exportaciones de materias primas, con un propósito fiscal y de política comercial. Al gravarse la materia prima baja su precio en el mercado interno en la misma proporción de la tasa que se aplica y de ese modo quienes la utilizan como insumo en su proceso productivo ven aumentada su protección.
Distribuiremos por separado los dos argumentos que en la actualidad se han expuesto: a favor o en contra de las retenciones, en particular de las móviles que originaron la polémica.
Algunos argumentos en contra de las retenciones (particularmente de las móviles):
Las retenciones a las exportaciones, que surgieron como consecuencia de la devaluación, tendrían que haber sido una medida extrema y temporaria y no convertirse en una política estable, discriminatoria y sujeta al movimiento pendular de los precios. Por esto, más que las contradicciones de su aplicación, se tendría que pensar en la eliminación gradual y definitiva.
El premio Nobel de economía y profesor de la Universidad de Columbia, EEUU, Edmund Phelps dijo en Buenos Aires que los impuestos a las exportaciones agropecuarias que se aplican en Argentina son nocivas para el sector. Le quitan expectativas al productor, dinamismo, generan inflación y distorsiones en la economía. “Creo que (las retenciones) son malas en un par de formas. Primero, hacen que la economía sea más cerrada y, por lo tanto, menos dinámica e innovadora. En segundo lugar, esta clase de impuestos anticipados son malos para el espíritu emprendedor”, dijo Phelps, luego de una muy interesante exposición, que ofreciera en una facultad de la UBA, con motivo de la inauguración de la cátedra Phelps de Derecho y Economía Dinámica.
Sobre la idea del gobierno argentino de que las retenciones ayudan a mantener bajos los precios, el economista apuntó: “Puede que reduzcan las presiones inflacionarias en el corto plazo, pero no creo que sean una solución que se pueda sostener en el largo plazo”.Se manifestó en contra también de un tipo de cambio competitivo o devaluado, como el que ha buscado la Argentina, argumentando que es la divisa la que protege a la industria local frente a la competencia externa, y así se generan distorsiones como aumento de precios por márgenes de ganancia (lo que está pasando en Argentina), lo que llevará a que los empleados reclamen mayores salarios (como está pasando en Argentina), y que la inflación aumente (como está pasando en Argentina).
En la reunión Cumbre de presidentes del MERCOSUR, el Uruguay reclamó que la Argentina elimine los derechos de exportación. El Ministro de Economía de ese país, consideró que las retenciones deberían ser acordadas entre todos los miembros del Mercosur, porque afectan a todos los integrantes. Comprendían la sensibilidad que este tema tiene en la Argentina, pero los derechos de exportación también afectan a los demás miembros del mercado común.
Argentina es uno de los primeros países productores mundialmente, de derivados de soja, segundo de maíz y cuarto de trigo, y preveía para la actual temporada una muy buena cosecha. Esas estimaciones, sin embargo, podrían verse afectadas por el prolongado conflicto que los productores rurales argentinos mantienen desde marzo con el Gobierno en rechazo al aumento en los derechos a la exportación de granos.
Pero los precios internacionales de las materias primas empezaron a subir y comenzó a complicarse otro frente: el de la inflación. Y como ya no bastaba con manipular el IPC y reprimir precios de servicios públicos, se comenzó a utilizar el recurso de la retención con el propósito de frenar la subida de los precios internos de esos bienes. Fue así que, la tasa de las retenciones fue elevándose reiteradamente, en forma paralela al aumento de los precios internacionales, de modo de mantener acotados los precios internos de los bienes. En el caso de la carne, incluso se llegó a prohibir temporalmente la exportación con el mismo propósito, impulsándose a cultivar la soja, que ahora se proclama enfrentar. Debe observarse que en este caso la retención percibida pasó a ser nula, en la medida en que se dejó de producir el hecho generador, la exportación, lo que prueba que el propósito ya no era sólo fiscal.
Así se llegó a la situación de los últimos días cuando las tasas de algunas retenciones se ubicaron casi en el 50% del precio de exportación. En Argentina se sorprendían que de cada dos camiones con soja uno se lo quedaba el gobierno y uno el productor, pero esa no es la comparación correcta sino que es aún más grave. El gobierno se queda con el 50% del ingreso por ventas, pero el productor se queda con el 100% de los costos, porque no es un gravamen sobre la utilidad sino sobre los ingresos brutos. En términos de ganancias, la confiscación pasó a ser casi total.
Agreguemos que el sistema tiene aún más graves consecuencias. Las retenciones hacen que la leche, la carne, el pan y el aceite sean más baratos para los consumidores, pero para todos y no sólo para los que por tener bajos ingresos, podrían impulsar alguna medida paliativa de su situación. Esto revela lo cuestionado de la política también de los subsidios acordados .
De este modo, disminuirá la producción argentina de los bienes objeto de retenciones y talvez más adelante habrá que importarlos al precio internacional que hoy se le niega al productor local, para abastecer la demanda interna.
Algunos argumentos a favor de las retenciones (particularmente de las móviles):
Los que defienden su aplicación manifiestan que tratan de cubrir algunas carencias de los sectores postergados sin aceptar que aquellos que viven en las zonas marginales de las grandes urbes del interior del país sufren, principalmente, la no atención del Estado. Otros argumentan que las retenciones agropecuarias son más prácticas y menos costosas para compensar la evasión impositiva del sector. Los números indicarían lo contrario, por ejemplo en 2003 se recaudó, en impuesto a las ganancias, 15 mil millones de pesos contra 9 mil del año anterior y en el 2005, además de IVA y ganancias, se recaudaron 12 mil millones de pesos en concepto de retenciones, cada habitante santafesino aportó $ 565, que representaban 25 millones de toneladas de soja, 10% de la recaudación tributaria total y 30 millones de canastas básicas a marzo de 2006.
La implementación de retenciones móviles constituye un avance frente al esquema previo de retenciones, porque otorga a los sectores primarios y de transformación un horizonte de estabilidad de precios y abre la puerta a una eventual disminución de la imposición, frente a una posible reducción de los precios internacionales tras la desaceleración de la economía mundial. A una semana de implementada la medida ya se veía como ante la caída del precio internacional de la soja, las retenciones móviles generaron una disminución en el monto del impuesto.
Por su parte, el mayor peso de las retenciones a la soja es razonable, considerando los efectos que su alta rentabilidad relativa genera sobre la oferta de otros alimentos, que son desplazados por este cultivo. Pero que, dado los altos costos de reconversión para los productores pequeños, requiere la profundización de medidas que apunten a financiar las inversiones que garanticen el reemplazo de la soja por otras producciones.
En este sentido, y en la medida que sean asegurados los costos de reconversión, las retenciones son un paso necesario hacia la configuración de un nuevo régimen que concilie los objetivos de exportar con los de alimentar a la población, sin lesionar las ganancias normales de la actividad.
Las retenciones son el único instrumento que cuenta el Estado para hacer frente a las consecuencias no deseables de un aumento de precios internacionales de productos agroalimentarios, con el actual marco regulatorio e institucional del país. Además, concilian un dólar alto que beneficia a la industria y genera empleo con precios de los alimentos acordes a los salarios argentinos.
Seguramente este instrumento sería innecesario si la Argentina hubiera mantenido otros mecanismos institucionales que supo crear a lo largo de su historia, y que en otros países permitieron un desarrollo de las cadenas agroindustriales diversificadas. Este aspecto es aún más preocupante si se considera que nuestro país es el único entre los cinco principales exportadores mundiales de cereales (acompañado por Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y Australia) que no cuenta con mecanismos de regulación del comercio de materias primas.En este contexto las retenciones han sido un paso necesario en la medida que permiten cumplir una serie de objetivos indelegables del Estado: desacoplar los precios internos de los alimentos de los precios internacionales e incidir en las rentabilidades relativas de los distintos cultivos a fin de limitar el avance en el cultivo de la soja.
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