El Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS) ratificó que se prevé un riesgo significativo de una recesión en Estados Unidos, la mayor economía del mundo, en sintonía con lo que ya han expresado anteriores funcionarios de la Reserva Federal. Los bancos centrales afrontan su mayor desafío en años, con una desaceleración del crecimiento, incluso cuando se intensifican las presiones inflacionarias.
La alteración del sistema bancario limitaba el potencial que tienen los recortes de tasas de interés para alentar la demanda, tal como se intenta en este año electoral en los Estados Unidos. Según ese Banco Internacional el mundo necesita tasas de interés más altas para responder a una clara amenaza inflacionaria, incluso si eso genera un mayor freno en el nivel de actividad económica. Esa disminución no implica que los bancos centrales deban abandonar su focalización en el combate contra la inflación, incluso si no hay una solución única para todos los países que forman parte del BIS.
Como la inflación es una amenaza clara y presente, y como las tasas reales de la política en la mayoría de los países son bajas en términos históricos, parecería apropiado un sesgo global hacia el ajuste monetario. Dicho esto, las circunstancias de diferentes países, tanto actuales como las perspectivas, actualmente descartan un enfoque de un solo talle para todos, expresaban en el BIS. En caso que la economía global se moderara y retrocedieran las presiones inflacionarias, la inclinación al ajuste evidentemente también se reduciría. El organismo recordó que la turbulencia financiera que se propagó desde el mercado hipotecario subprime estadounidense a mediados del año pasado fue consecuencia de un clásico e insostenible auge del crédito (tras el cual se criticó la falta de previsión de los organismos reguladores, de los bancos y de las agencias calificadoras de riesgo).
Los riesgos a la baja para el crecimiento futuro complican la tarea de la política monetaria, se sostenía en un discurso ante el encuentro anual de la entidad. Frente a este riesgo, era necesaria una respuesta fuerte para enfrentar el peligro de que las expectativas inflacionarias puedan crecer apreciablemente, con todos los problemas que eso traería. También las reducciones de impuestos y el aumento del gasto público podrían tener algún impacto, pero los países cuyas finanzas públicas sean lo suficientemente sólidas para tomar esas medidas tienden a ser aquellos que están menos afectados por la turbulencia. Como consecuencia de un largo auge impulsado por el crédito, no sería sorprendente ver turbulencias en los mercados financieros, desaceleración del crecimiento real y un alza temporaria de la inflación, se afirmaba. La consecuencia sería un declive global más profundo y prolongado de lo que parece prever la opinión del consenso.
También en ese Foro se expresó con contundencia que el mundo podría estar en un punto de quiebre, en el cual a la inflación alta le siga un derrumbe de los precios que sustentaron la prosperidad mundial de los últimos años. De este modo, el organismo presentó un panorama pesimista, tanto para la inflación como para el crecimiento, en su informe anual publicado tras un encuentro de tres días entre banqueros centrales de más de 100 países.
El BIS tiene su sede en Suiza y representa un centro de debate y de estudios para los bancos centrales de todo el mundo. En su informe anual, el banco internacional ya había asegurado que el impacto del encarecimiento de los alimentos y energía sobre los ingresos disponibles reales, junto con la menor capacidad de las instituciones financieras para realizar préstamos y los grandes niveles de deuda de los hogares, podrían producir una desaceleración del crecimiento mundial que podría llegar ser mucho mayor y prolongada de lo necesario para mantener la inflación bajo control. En la reunión de dos días que había citado a los bancos centrales de los países del G-10 y otros industrializados emergentes, no sólo se puso de manifiesto el difícil dilema al que se enfrentan los bancos centrales, ante el menor crecimiento en un momento de las presiones inflacionistas, sino que también culpa a los propios bancos centrales. El Banco de Pagos Internacionales señaló que en los primeros años de esta década los bancos centrales no fijaron los tipos de interés en niveles suficientemente elevados como para evitar un fuerte crecimiento del crédito.
La Institución de referencia explicaba que la economía estadounidense era la que más riesgo corre por los problemas del sistema financiero. Pero también había añadido que hay sospechas de que unos cuantos países con bajas tasas de ahorro de los hogares podrían verse también afectados, aunque menos significativamente. Y advirtió, además, que aunque la depreciación del dólar estadounidense respecto a otras monedas ha sido, hasta ahora ordenada, la situación podría cambiar.
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