domingo, 29 de junio de 2008

Los Costos Agrícolas en la Argentina

Se reconoce a la Argentina como uno de los países de mayor competitividad en el mundo para producir soja, eso se debe a varios factores aditivos: las buenas genéticas aplicadas más el gen RR aportado por la biotecnología, la buena implantación del cultivo (sin labranza y con cobertura de rastrojo en superficie), el ajuste en la fecha de siembra y fertilidad con el espaciamiento y la densidad de implantación, el buen control de malezas, plagas y enfermedades y la alta eficiencia de cosecha y post cosecha en todos sus aspectos. Varios de estos elementos han experimentado importantes aumentos en sus precios. Aumentaron los costos de fertilización y agroquímicos. El seguro agrícola que es una herramienta que proporciona una cobertura contra la caída de la renta del productor, producida por una merma de la productividad o por una disminución de los precios de comercialización de su producción, también han subido sus servicios. El problema de los costos se ventila también en el trigo, maíz, girasol, entre otros. Los insumos agropecuarios se dividen en transables y no transables. La primera categoría corresponde a aquellos cuyos precios se ajustan automáticamente a la evolución del dólar: semillas, agroquímicos, fertilizantes y aquellos gastos de comercialización y cosecha que ajustan en función del precio de los productos. La segunda categoría se relaciona con los insumos cuyos precios tienen un ajuste más lento como la mano de obra, el gas-oil y otros gastos de comercialización. El efecto de política cambiaria sobre los márgenes brutos puede subdividirse en dos efectos cruzados. Por un lado, la implementación de derechos de exportación reduce los ingresos recibidos por el productor y en consecuencia tiene un impacto negativo sobre los márgenes (efecto tipo de cambio efectivo). En contraposición, cuando se produce una devaluación los costos de los insumos no transables no ajustan al 100% a la evolución del dólar en los primeros años, lo cual le proporciona al productor una ventaja ya que sus ingresos crecen a una tasa mayor que sus costos, con un impacto positivo sobre los márgenes brutos (efecto costo). De acuerdo a la intensidad de ambos efectos será el signo del efecto de la política cambiaria. Como consecuencia del nuevo modelo económico y la coyuntura internacional, mejoraron los márgenes brutos en dólares desde la devaluación. Independientemente de ello, hay un efecto adicional que no tiene relación con la mejora en la competitividad del productor y si con mayores posibilidades relativas del consumo de aquellos bienes y servicios dentro de las fronteras del país (efecto consumo). Los cos­tos di­rec­tos de los cua­tro cul­ti­vos más im­por­tan­tes de Ar­gen­ti­na se in­cre­men­ta­ron en­tre cam­pa­ñas agrí­co­las de ma­ne­ra re­le­van­te, con el 66,8 por cien­to pa­ra la so­ja y el 58,5 por cien­to pa­ra el maíz, se­gún el In­di­ca­dor Ge­ne­ral de Co­yun­tu­ra Agro­pe­cua­ria de la Bol­sa de Ce­rea­les.Res­pec­to del la etapa pasada, se ob­ser­va un au­men­to del 4,9% pa­ra los cos­tos di­rec­tos del maíz, 2,6% pa­ra la so­ja, 5,9% pa­ra el tri­go y del 3,8% pa­ra el gi­ra­sol. La siem­bra de tri­go se vio re­tra­sa­da con res­pec­to de la cam­pa­ña an­te­rior avan­zan­do 21,8% de los 4,8 mi­llo­nes de hec­tá­reas (con un des­cen­so de -12,7% so­bre las 5,5 mi­llo­nes de hec­tá­reas de la cam­pa­ña an­te­rior). Los precios de los insumos se consideran para los meses en que se efectúa el gasto (en promedio, entre los meses de mayo y noviembre de cada año). Los precios de los productos y los gastos de comercialización se consideran para los meses en que se supone se comercializa la mayor parte de la producción de cada grano: Trigo: diciembre, enero y febrero, Maíz: marzo, abril y mayo, Girasol: febrero, marzo y abril, Soja: abril, mayo y junio. La situación creada entre el gobierno y el campo generó costos que perdurarán y son de una magnitud muy superior a los anteriores. ¿Cuáles son estos costos? La imprevisibilidad y mayor incertidumbre de la política económica argentina se traducen en mayores retornos esperados de los inversores para compensar este riesgo incremental, generando menores niveles de inversión. Si bien la inversión en parte hasta ahora ha sido dinámica y ha acompañado al crecimiento, no es algo que el gobierno debe dar por sentado. Si al problema de la inflación creciente y de rumbo impredecible (además de la ausencia de un parámetro creíble) le sumamos la posibilidad que el gobierno se expropie de ganancias arbitrariamente definidas como extraordinarias, no debe extrañarnos que hoy por hoy no haya grandes planes de inversión (salvo los financiados por el Estado). Esto se evidencia en la evolución del riesgo país en Argentina y Brasil: en enero 2007 la diferencia entre ambos era minima (30 puntos básicos); desde ese entonces, que no casualmente es el momento a partir del cual la manipulación de INDEC se hizo innegable, esta diferencia ha crecido y hoy se ubica en 270 puntos básicos. El campo deberá afrontar, igual que el resto de las actividades, un cuadro energético distinto al que prevaleció en los últimos años. El nuevo panorama estará signado por el tránsito desde una situación caracterizada por energía abundante, exportada y barata a otro donde la energía será escasa, importada y cara. Esta nueva situación aumentara los costos agrícolas. La situación se agravará, porque la pérdida del autoabastecimiento petrolero no impactará en importaciones de petróleo sino en mayores importaciones de gasoil y naftas. El campo pasó de producir 30 millones de toneladas a mover cosechas de 100 millones, por eso la mayor demanda de naftas y gasoil será cubierta por importaciones, dado que las refinerías ya no pueden aumentar su producción y no hay inversores dispuestos a encarar esta actividad. En este escenario tenemos que prever alzas en los costos directos de producción agrícola más los aumentos en los costos de transporte, los cuales impactarán mayormente en las zonas alejadas de los puertos, lo cual afectará la rentabilidad de las economías regionales que tanto han venido creciendo en los últimos años. El precio de los arrendamientos de campos también han subido notoriamente. Es de destacar que si no se implementa una nueva política gasífera que estimule la producción, el agro deberá afrontar en los próximos años mayores costos por los fertilizantes y agroquímicos que son tan importantes para mantener y mejorar los rendimientos de la tierra. La consecuencia es que se alentará a los biocombustibles. También, desde la vigencia del aumento de las retenciones se han paralizado por completo las ventas de máquinas agrícolas y se ha desistido de operaciones que estaban pactadas y señadas. La única excepción son las máquinas para embolsar cereal, de bajo costo, que han llevado a agotar el stock y producción de dichas máquinas. Antes de marzo pasado todas las empresas habían adquirido nuevas máquinas para aumentar la producción y habían planificado incrementar el espacio de sus plantas. Hoy se está pensando seriamente en adoptar medidas defensivas de las fuentes de trabajo ya que el panorama es complicado e incierto. Las fábricas de maquinarias agrícolas son propiedad de capitales argentinos, son PyMes que ocupan desde diez hasta trescientos operarios aproximadamente.

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