La zona caribeña ha experimentado un aumento significativo en la actividad humana desde su período de colonización. El mar es una de las áreas de producción de aceite más grandes del mundo, con aproximadamente 170 millones de toneladas anuales. En el Caribe venezolano se encuentran importantes yacimientos de petróleo y gas natural. El área también genera una extensa industria pesquera en los países que la rodean, registrando medio millón de toneladas de pescados anuales. Asimismo, es gran productora de caña de azúcar con una producción anual cercana a las 30 millones de toneladas en 2005, lo cual representa aproximadamente un 2% de la producción mundial.
El principal impulsor de las economías caribeñas es actualmente el sector de los servicios, que comprende el turismo, los financieros, el comercio mayorista y minorista y el transporte. También otro sector expansivo es la construcción. Según estadísticas del Banco Mundial, la participación de los servicios en el producto nacional bruto ha aumentado de 50% en los años 60, al 62% en la pasada década, con impactos desfavorables para la agricultura y la industria. En la Comunidad del Caribe - el turismo representa entre el 30 y el 50% del producto nacional. La Comunidad del Caribe (CARICOM) la integran: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Santa Lucía, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago.
De acuerdo a informes del Banco Mundial, en el periodo 2000-2005 el crecimiento del turismo en el área - salvo el vinculado a los cruceros -, no estuvo a la altura del avance a nivel mundial. El mercado de los cruceros en el Caribe atraía en 2003 a 15 millones de visitantes, alrededor de la mitad de los que se mueven por esa vía en el mundo. El auge de la llamada industria sin humo agudiza la presión sobre recursos naturales tan escasos como el agua y genera una elevada cantidad de desechos, otra de las grandes preocupaciones de los pequeños estados caribeños. Además, amenaza los ecosistemas costeros y marinos pues cuando no se atiende la conservación de los cinturones costeros, se interrumpe el drenaje natural, avanza la erosión en las playas y no existen mecanismos adecuados de tratamiento de residuos.
La participación de los servicios no se ha presentado por igual en toda la región. En Guyana y Surinam la agricultura fue ganando mayor relevancia económica, mientras que en Trinidad y Tobago la industria del gas y el petróleo continuaba siendo decisiva. Sin embargo, se estimaba que al ritmo actual de extracción, 181000 barriles diarios de petróleo (en el primer semestre de 2006), las reservas de Trinidad podrían agotarse en menos de una década, a menos que se hagan nuevos descubrimientos. Cuba extrae unos 75000 barriles diarios de crudo, con lo cual satisface cerca de la mitad de su demanda interna, satisfecha totalmente mediante la importación de 100000 barriles diarios provenientes de Venezuela. La isla ha elevado su producción en los últimos años y observa esperanzada las exploraciones en su zona económica exclusiva del Golfo de México, donde se han calculado reservas máximas de 9.300 millones de barriles. De acuerdo con la ministra cubana de la Industria Básica, en tres o cuatro años la prospección en esas aguas debe comenzar a rendir interesantes dividendos. Por su parte, Surinam produce apenas 10000 barriles diarios, pero las autoridades han emprendido nuevas exploraciones.
La emigración tiene efectos contradictorios en las economías caribeñas. Alrededor de tres millones de emigrantes de esta región viven en el país norteño, la mayoría provenientes de Cuba, República Dominicana, Jamaica y Haití. Sólo en 2002, esa comunidad remitió a sus naciones de origen cuatro mil millones de dólares en remesas, un flujo monetario que habría aliviado la situación de muchos hogares e impulsado en cierta medida las inversiones. Entre 1998 y 2003 las remesas representaron alrededor del 6% del producto nacional bruto como promedio en la región, con un notable impacto en Haití, Jamaica, República Dominicana y Saint Kitts y Nevis.
El flujo migratorio hacia el exterior genera una constante fuga de cerebros, que debilita las capacidades profesionales de estos países. Guyana ha perdido buena parte de su personal docente y de enfermería, mientras en Jamaica cerca del 80% del potencial de nivel superior han abandonado la isla. En 2000 el 70% de las personas con altos índices de instrucción de Guyana, Jamaica, Haití y Trinidad y Tobago vivían en naciones desarrolladas. La excesiva emigración de personal calificado no sólo crea brechas en la fuerza laboral, lo cual afecta la productividad, sino que también significa que los recursos invertidos en educación y adiestramiento probablemente nunca se recuperarán totalmente.
La dependencia energética externa constituye otro de los puntos débiles de las economías caribeñas. La mayor parte de la electricidad producida en la región proviene de plantas convencionales alimentadas con hidrocarburos, aunque también se emplean en menor medida la biomasa, la energía hidroeléctrica y otras fuentes alternativas.
Sólo tres países tienen reservas significativas de petróleo y gas: Cuba, Surinam y Trinidad y Tobago. Este último poseería el 87 % de las reservas probadas de gas y el 54% de las de petróleo, una parte de cuya producción exporta. En medio del alza de los precios de los hidrocarburos en el mercado internacional, los países caribeños se han visto favorecidos por acuerdos de importación bajo términos ventajosos con México y Venezuela. El Pacto de San José y Petrocaribe ofrecen condiciones de financiamiento para la compra de crudo y derivados, al tiempo que proyectan inversiones en la infraestructura energética del área.
La mayoría de los estados caribeños, en especial los insulares, poseen dimensiones territoriales reducidas. Montserrat, Saint Kitts y Nevis, Antigua y Barbuda, Barbados, Granada y San Vicente y las Granadinas no alcanzan los 500 kilómetros cuadrados de superficie. Esta condición geográfica reduce las posibilidades de contar con recursos naturales de importancia, que llegan a ser sobreexplotados por una creciente población, y hace a estas naciones más vulnerables a los cambios en la economía mundial.
En cuanto a Haití, padece la peor situación económica y social de la región caribeña. La subregión presenta fuertes contrastes entre países de desarrollo medio y otros que se clasifican entre los más pobres del mundo. Mientras en las Bahamas el producto nacional bruto alcanzaba los 17.843 dólares per cápita en 2004, en Haití esa cifra era menor a 1.892 dólares. La primera nación independiente de América mantenía serios problemas en su infraestructura de transporte, comercio y comunicaciones. Sus indicadores sociales son los peores del Caribe, con una esperanza de vida inferior a 55 años y una tasa de analfabetismo en adultos en torno al 50 por ciento. Haití es el único país de América con un bajo Índice de Desarrollo Humano, según la lista del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), donde ocupa el lugar 154, acompañado por un nutrido grupo de estados del África Subsahariana.
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